20 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
ADJUNTA AL DIRECTOR ELY DEL VALLE

El reloj, pieza fundamental de elegancia

A pesar de la moda tecnológica de las pulseras de actividad, el reloj sigue siendo un complemento imprescindible en la muñeca de un hombre con estilo, pues dice mucho de su personalidad.

Puntualidad, firmeza, elegancia, toque desenfadado, deportivo, seductor, serio. ¿Qué dice un reloj de un hombre? Lo cierto es que mucho. Se dice que una de las partes del cuerpo que más miran las mujeres al conocer a un hombre son sus manos y por ende sus muñecas… si llevan un brazalete, una pulsera hippy, de oro, del rastro o hecha por él mismo con hilos de su sobrina 

En el caso de que el elemento en la muñeca sea un reloj siempre tenderemos a fijarnos si éste es digital, si se le ven las horas, o si es de estos artefactos a los que tienes que mirar dos veces para saber en qué punto se encuentran las agujas. La cosa es que el reloj parece ser el fiel acompañante y complemento aún más elegido por los hombres.

Dime qué reloj lleva

Como ya decía Machado, “el hombre es un animal con reloj” justamente porque gracias a este utensilio milenario casi creado a la vez que Adán y Eva nos podemos organizar. Lo ordenamos todo: nuestro tiempo para trabajar, para comer, para ir al gimnasio, para estar con nuestra pareja, para estar solos, incluso para poner la lavadora mientras escuchamos música y barremos lo acumulado en los días de excesos.

Los relojes nos persiguen por todas partes, en el móvil, en la pantalla del ordenador, por las calles los hay por doquier, y cuando se nos olvida el nuestro, no tenemos ganas de sacar el smartphone sino que miramos de reojo a la muñeca del de al lado, (sigo refiriéndome aún solamente a las muñecas de la población masculina). Y podemos tal vez decir, ¡Eh Voilá! ¡Qué tipo tan interesante! con ese reloj cañón que lleva. Son mis colores preferidos, exactamente el tamaño perfecto y además va a conjunto con las zapatillas de running. Seguro que es deportista…

Ahora nos damos la vuelta, vamos a la zona más cara de la ciudad en la que vivimos porque tenemos un evento de empresa, y hoy seguimos con el juego de mirar las muñecas de los hombres que nos rodean. Este lleva corbata, un pantalón de lino color mostaza  a juego con una camisa de media manga azul clara, las sandalias parecen sacadas de una tienda skate pero en su versión más formal. Él también lleva un reloj un poco más refinado que el resto, decir que parece un reloj de lujo.

Escaparates virtuales

Ahora sí que sí, por mucho que Internet haya ya revolucionado nuestra forma de comprar, aún nos gusta callejear y recibir input de todo lo que podemos abarcar con nuestra mirada. Lo que nos entra por los ojos es lo que luego vamos a buscar a la red. Esto es lo que pasa con muchos de nosotros cuando estamos buscando un regalo para nuestra pareja, o incluso para el 50 cumpleaños de nuestro padre.

Paseamos por las calles, miramos muñecas con el objetivo de ver qué pega con qué y qué le puede gustar a quién. Mirar y comparar es algo que hacemos de continuo. No obstante, tenemos que aceptar que nuestros hábitos están cambiando, ahora lo queremos abarcar todo, y este todo se corresponde con todas las posibilidades disponibles abriendo y cerrando ventanas virtuales, imaginando cómo quedaría ese traje para la boda con una pieza delicada y más sutil como las que se ofrecen en webs especialiadas, porque ahora buscamos tener una mayor oferta en un espacio cada vez más comprimido.

No desconectamos de nuestros deseos, llevamos el chip de lo que nos gusta y después cuando llegamos a casa lo tecleamos. Hemos creado un universo paralelo en el que nos lo pasamos bien. Tenemos dos mundos que convergen en uno. ¿No es enriquecedor poder aprovechar así el tiempo? Aunque tal vez debamos seguir aprendiendo a medirlo con el reloj. Eso Internet aún no lo ha cambiado.

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