30 de marzo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Hasta cuándo el PSOE va a respaldar o apoyarse en políticos como Ada Colau?

Colau, hace escasos días con las esposas de los políticos catalanes juzgados por delitos contra la Constitución

Colau, hace escasos días con las esposas de los políticos catalanes juzgados por delitos contra la Constitución

La alcaldesa de Barcelona condena a su ciudad a la regresión para imponer, con apenas votos, su respaldo inocultable al separatismo. El PSOE debe romper con políticos así.



 

 

Por segunda vez en pocos meses, Ada Colau ha protagonizado un desprecio público al Rey que es, por tanto, un desprecio a España. Si el primero fue boicoteando la presencia de Don Felipe en la cabecera de la manifestación contra el terrorismo tras los atentados de agosto en Barcelona; el segundo ha tenido por escenario la solemne apertura del Congreso Mundial de Telefonía Móvil, una cita de altura internacional marcada por las polémicas provincianas de la ciudad organizadora.

El contraste entre un Jefe de Estado que llama a la conciliación, se expresa en catalán y defiende la permanencia del evento en la Ciudad Condal y una alcaldesa radical, antisistema, maleducada y dañina para los intereses de Barcelona, es abrumador.

Y simboliza también la dialéctica habitual, desde hace décadas, entre la España constitucional y la Cataluña separatista: la primera cede competencias, respeta y protege los símbolos catalanes y promueve constantes iniciativas de progreso que sin el respaldo de España -desde la Olimpiada hasta este MWC- probablemente se marcharían a otras ciudades. El segundo, mientras, actúa con deslealtad, denigra los iconos legales y emocionales españoles y malversa las consecuencias positivas de pertenecer a un Estado democrático europeo, en nombre de un ideal ilegal, rupturista y empobrecedor.

Colau blanquea al separatismo y le apoya siempre, aunque sea condenando a Barcelona a pagar un alto precio

Poco se puede esperar de una alcaldesa que rompió a su propio Gobierno, echando al PSC, para condenar a su Ayuntamiento a una inestabilidad terrible, fruto de la minoría voluntaria del partido de Colau, refrendada por cierto con una caída estrepitosa de En Comú Podem el pasado 21D en las elecciones autonómicas. Y menos aún de quien, en pleno dolor por el horror yihadista, dedicó más tiempo a apartar al Rey que a explicar, por ejemplo, por qué había desechado el reforzamiento de la seguridad en Las Ramblas que los profesionales policiales le habían propuesto antes de la matanza.

Colau es una radical que se siente más cerca de Otegi que de las víctimas de ETA; de los golpistas que de la Constitución que entre otras cosas le otorga a ella el puesto que ostenta; del matón que dejó tetrapléjico a un guardia y probablemente asesinó luego a Víctor Laínez en Zaragoza que de los Cuerpos de Seguridad que persiguieron a los yihadistas. Y, desde luego, es una pieza fundamental del entramado secesionista, el componente falsamente equidistante que blanquea al separatismo ilegal intentando convertir la respuesta legal y política del Estado de Derecho en un abuso intolerable.

En regresión

La alcaldesa de Barcelona, además, perjudica de una manera escandalosa a los barceloneses, y el plantón de la Agencia Europea del Medicamento o la posible estampida del Mobile World Congress son, junto a la fuga de tantas empresas desde septiembre, prueba de ello. Bajo su batuta, una de las ciudades más admiradas y cosmopolitas del mundo se está convirtiendo en una aldea retrógrada que da más importancia a los okupas que a los turistas o a los golpistas que a los empresarios.

 

El número 2 de Ada Colau, con la complicidad de la propia alcaldesa, ya arrancó una bandera de España de la fachada del Ayuntamiento condal

 

Y todo ello sin el respaldo de los barceloneses, que sólo le dieron 11 de los 41 concejales existentes en el Consistorio condal. No ha habido causa hiriente o escandalosa, en fin, que no haya contado con el apoyo por acción u omisión de la alcaldesa de Barcelona, uno de los emblemas de esos 'Ayuntamientos del cambio' que, en toda España, están firmando la peor gestión que se recuerda y añadiendo una carga de sectarismo a cada decisión que sólo sirve para dividir a la ciudadanía y contaminar la atmósfera de convivencia.

Es hora de pedirle cuentas a Pedro Sánchez por apoyar o apoyarse en políticos como Colau en media España

Desde Barcelona hasta Madrid, pasando por Santiago de Compostela o Alcalá de Henares, la miríada de alcaldes frentistas aterrizados en 2015, casi siempre por acuerdos poselectorales con el PSOE, ha excavado más trincheras que construido puentes y ha convertido sus municipios en un frente nacional de populismo incapaz de atender sus verdaderas obligaciones.

Los socialistas tienen mucho que decir en este fenómeno, al que tutelan o en el que se apoyan según el momento, desde que Pedro Sánchez decidiera camuflar sus malos resultados en 2015 entregándose a Podemos y a sus marcas blancas en media España, con Madrid como ejemplo de todo ello.

¿Y Ferraz?

Pero lejos de reaccionar, ha mirado para otro lado, incluso cuando han sido vejados y expulsados sin razón alguna en la propia Barcelona. Un gesto así, unido al entreguismo de Colau al separatismo, debería ser suficiente para romper todos los lazos en la capital de España. Y, a partir de ahí, en cuantos municipios y regiones exista el acuerdo.

El resto de partidos ya le ofreció al PSOE compensar esa pérdida de apoyo, incluso en casos en que los socialistas no fueron primera fuerza política. Pero Sánchez, sumido siempre en una eterna falta de criterio, lo ha desechado hasta ahora por razones imposibles de explicar y difíciles de entender. Tal vez haya llegado la hora, pues, de exigirle cuentas a Ferraz.

 

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