Al menos nos queda la salud

¡Acabemos con las narices al descubierto por encima de las mascarillas!

¡Acabemos con las narices al descubierto por encima de las mascarillas!

España, que pensaba recuperarse de los meses de encierro gracias a la llegada de turistas, se ha convertido en un paria internacional

No sé sí alguna vez se han preguntado qué es peor, la falta de confianza o el exceso de la misma. Les adelanto que se encuentran ante una falsa disyuntiva, pues ambas opciones pueden resultar penosas. Toda la gestión del coronavirus puede englobarse en un gran voluntarismo para doblegar la curva de contagio, quizá con una semana de retraso, pero concedamos que a toro pasado todo se ve más claro.

 

Doblegada la curva, con un gran sacrificio por parte de la población y unos devastadores efectos económicos, comienza la apertura gradual por fases, que culmina en la "nueva normalidad", momento en que se vuelve a bajar la guardia y pecar de exceso de confianza. Comienzan los rebrotes, tímidamente al inicio, como una metástasis agresiva luego. Ahora, el virus campa por sus respetos a través de España, salvo la excepción asturiana, y el sistema sanitario vuelve a dar claros avisos de colapso.

 

Hemos llegado a esta situación como resultado de nuestras propias acciones: fiestas de jóvenes, ya sea en locales o en improvisados y multitudinarios botellones, así como reuniones familiares y de amigos. Los primeros, una panda de inconscientes; los segundos, casi lo mismo, pero más confiados por estar dentro del ámbito familiar o de los amigos más cercanos.

 

Ciertamente se hacen muchos más test PCR que antes, lo que eleva el número de infectados asintomáticos encontrados, pero incluso en términos comparativos con nuestro entorno europeo, seguimos con una pandemia incontrolada e imparable, cuya vacuna, por mucho que nuestro ministro de Sanidad nos la confirme para antes de finalizar el año, no estará lista hasta, con suerte, otro año más.

 

España, que pensaba recuperarse de los meses de encierro gracias a la llegada de turistas, se ha convertido en un paria internacional con restricciones de entrada y salida en casi todo el mundo. Al menos en Europa, habría sido deseable que las medidas restrictivas se tomaran en grupo de acuerdo a unos criterios previamente consensuados, y no al arbitrio de cada país miembro, como ha ocurrido, pero poco se puede hacer ahora.

 

Toca hacer un esfuerzo conjunto para tomarse en serio la situación y dejarse de tonterías. ¡Finalicemos con las narices que asoman de las mascarillas! ¡Entendamos que la fiesta y las reuniones no son cosa de broma! Es el único modo de proteger la salud de las personas que nos importan y de aquellas que no conocemos, pero que se ven afectadas por nuestros actos.

 

Se avecinan tiempos muy duros, con unas cifras económicas penosas que ya han destruido empleo y lo seguirán haciendo. No perdamos lo único que nos queda, que es la salud.

*Abogado y politólogo.

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