10 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El testamento que dejó escrito Maza: Junqueras y los Jordis están acabados

Junqueras y Puigdemont, una campaña a "cara de perro".

Junqueras y Puigdemont, una campaña a "cara de perro".

Serán juzgados, si todo el proceso transcurre con una adecuada velocidad, antes del próximo verano y sentenciados -en el sentido más literal del término- en las primeras fechas del otoño.

Como una bofetada. Como un agravio insoportable. Así tomaron los fiscales del Tribunal Supremo la negativa de Oriol Junqueras a declarar el pasado viernes. Castizamente, el enojo de los fiscales puede resumirse así: “O sea, que piden a toda prisa comparecer ante el juez y ante nosotros mismos, los fiscales, para explicar su postura, intentan torearnos con esa aceptación por imperativo legal de la Constitución, y encima, cuando están aquí, se niegan siquiera a responder a nuestras preguntas; bien, tomamos nota”.

Y la tomaron: los representantes del Ministerio Público no han aflojado ni una micra sus argumentos ante el juez Llarena, argumentos que el magistrado, al que se ha juzgado con una atroz frivolidad por la libertad condicionada de Forcadell, ha metabolizado en estos días.

Jugar en España con el Supremo es apostar por un mal futuro personal. A eso se ha arriesgado Junqueras

Probablemente no le ha hecho falta el fin de semana porque su decisión, según fuentes legales, estaba, y está fundada en la definición y responsabilidad de los auténticos culpable de la rebelión sediciosa de los independentistas.

Junqueras fue el cerebro político de toda la operación, Joaquín Forn el instrumento policial que utilizó el separatismo para asegurar que los Mossos garantizarían la celebración del referéndum ilegal, y los facciosos Jordis los jefes de la alteración social que necesitaba la rebelión.

Por eso, fiscales y magistrados han depositado en ellos el máximo protagonismo de una conmoción institucional sin precedentes en ningún páramo democrático universal. Los encausados se han tomado al Tribunal Supremo como un refugio de españolistas furiosos a los que se podía lidiar desde su estólida, pero confesa, superioridad intelectual y se han equivocado como párvulos.

Junqueras, el 2 de noviembre, cuando acudió a declarar a la Audiencia Nacional. La juez Carmen Lamela ordenó su ingreso en prisión por rebelión, sedición y malversación.

 

Jugar en España con el Supremo es apostar por un mal futuro personal. A eso se ha arriesgado Junqueras que, por lo demás, sabía desde el primer momento que este tipo de estrategia le conducía exactamente a degustar el turrón de Nochebuena en Estremera, mientras, eso sí, a Puigdemont le van a enviar las peladillas desde cualquier tienda de golosinas de Barcelona. O de Gerona.

Estos cuatro presuntos delincuentes serán juzgados si todo el proceso transcurre con una adecuada velocidad, antes del próximo verano y sentenciados -en el sentido más literal del término- en las primeras fechas del otoño del 18. Esa es, al menos, la herencia que dejó preinscrita el fiscal Maza y que, con toda probabilidad, aceptará sin duda alguna su obligado sucesor Sánchez Melgar.

Estos cuatro presuntos delincuentes serán juzgados, si todo el proceso transcurre con una adecuada velocidad, antes del próximo verano.

Ahora lo que toca, por utilizar un argot tan sumamente querido en el procaz nacionalismo catalán, es plantearse la siguiente cuestión: comprobado, como está comprobado, que Esquerra Republicana de Cataluña y la fenecida Convergencia, han sido durante tanto tiempo apóstoles de la marginación en cualquier lista electoral de los simples imputados o investigados en un proceso, ¿cómo presentan ahora en su opciones partidarias no ya a imputados o investigados, sino incluso a presos preventivos por múltiples y gravísimos delitos?

En pura coherencia democrática ello no sería posible, pero ya se sabe que para los rebeldes la decencia en esta cuestión no se presenta en la puerta de vestuarios. Junqueras será a partir de hoy mismo el héroe preso (el cobarde Companys será solo un aprendiz histórico a su lado) y los liberados una suerte de pobres perseguidos por la Justicia española que se presentan en sus pueblos al modo a cómo lo vienen haciendo desde siempre los etarras que, tras cumplir cuantiosas condenas, regresan en loor de multitud.

Este es el escenario que comenzará a visualizarse después de que los internos en Estremera y Soto del Real hayan ingresado las fianzas que ha ordenado el juez. Comienza pues una campaña electoral con un tipo fugado en un país tan inútil como Bélgica, que se va presentar en hologramas al modo de un Houdini resucitado, y con un par de presos, uno de los cuales, Junqueras, mata el tiempo en la cárcel, según fuentes de todo crédito, escribiendo alegatos ferozmente independentistas para consumo de sus huestes, y jugando al baloncesto con otros colegas del trullo.

Junqueras, desde luego, dedica mucha parte de sus tiempos muertos a perpetrar maldades contra sus antiguos aliados de la exConvergencia o como quiera llamarse uno de los engendros sucesivos que se ha formalizado después de la desaparición de Pujol y de Mas, éste todavía en la tarea ingente de sacarle dineros a los estúpidos que se han prestado a socorrerle ante el Tribunal de Cuentas.

Junqueras tiene en tan gran estima la fuga de Puigdemont a Bélgica que la califica, como término menos agraviante, de “pura traición”. Esquerra no tiene el menor interés en reeditar el pacto político con los Junts, le pega mucho más la posibilidad de entenderse con los Comunes -o lo que quede de ellos- tras los errores clamorosos en los que está incurriendo Iglesias al que está soportando, hasta ahora sin demasiada algarabía, el candidato doméstico Doménech.

Para que se aprecie hasta qué punto los denominados Comunes detestan la presencia en Cataluña de Pablo Iglesias, éstos han borrado del cartel en el que aparecen la inevitable Colau y Doménech, al todavía líder de Podemos y a mayor abundamiento, han incluido en él a Errejón que, según se sabe, es el amigo íntimo del aún preboste podemita en la formación soviética.

Esquerra, lo reconozca o no, está aterrada ante las ocurrencias que vaya manejando la incontinente Marta Rovira, una pésima candidata que, con certeza, no le va a aportar un solo voto al partido de Rufián y compañía.

Con un líder aprehendido, otra que cada vez que se mide con algún opositor queda literalmente laminada, Esquerra cada vez más se refugia en los acuerdos veraniegos en Roures House  donde Podemos se comprometió a apoyar la rebelión y contradictoriamente, pero al tiempo, a intentar que el PSC de Iceta abandone sus filias constitucionalistas y se sume de una u otra forma, a los sediciosos.

Pero Iceta se lo piensa y juega, nunca mejor dicho, a la alternancia. Lo que él imparte es la siguiente doctrina: “Sepan ustedes que pase lo que pase el día 21 próximo presidente de la Generalitat será este político gordito y gay”. Así es como se presenta últimamente en la sociedad de las redes y de las televisiones.

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