El Plan Sur de Valencia (1958-1973)

Tras la inundación, se presentaron tres propuestas de desviación del río. Entre las alternativas fue elegida la solución sur, por donde el nuevo cauce podía discurrir de forma más segura



Según las palabras del ingeniero Eustaquio Berriochoa, la ciudad de Valencia frente al Turia "no pasa de ser un juguete de sus veleidades, y estas, aunque tardías, son los suficientemente crueles para que su vecindad se la considere ya indeseable".

No se trataba de una apreciación innovadora. En 1882 ya hubo un proyecto de desviación del río por parte de los ingenieros de caminos Joaquin Llorens y Fernández de Córdoba y Andrés Soriano Ibarra. El «Proyecto de desviación del Túria desde Mislata hasta la Albufera» fue presentado oficialmente en 1888 y se estimó su coste en nada menos que 13 millones de pesetas. Un Real Decreto del 20 de noviembre de 1891 llegó a autorizar la ejecución de las obras, pero la concesión no contaba con apoyo financiero por parte del Estado.

A finales del XIX no era el momento para acometer grandes gastos e inversiones. De este modo, a pesar de la elaboración de un informe favorable sobre la viabilidad económica del proyecto en 1902, las dificultades financieras impusieron continuos retrasos e finalmente impidieron su realización.

Otra oportunidad se presentó en 1945 con una exposición pública sobre esta importante obra para el futuro de la ciudad, pero tampoco prosperó. Desgraciadamente, hubo que esperar a los catastróficos daños producidos por la riada de 1957 para que terminasen estas dilaciones y se ejecutase el proyecto.

Tras la inundación, se presentaron tres propuestas de desviación del río. Entre las alternativas fue elegida la solución sur, por donde el nuevo cauce podía discurrir de forma más fácil y segura, además de suponer un trayecto más corto hasta el mar. El Plan Sur fue aprobado provisionalmente por el Consejo de ministros el 22 de julio de 1958 y de forma definitiva con la ley 81/1961.

La necesaria gran inversión estatal había tardado en concretarse, pero esta finalmente había llegado. El Estado asumió el 75% del coste (1.500 millones de pesetas en diez años); el ayuntamiento de Valencia, el 20% (400 millones); y la Diputación Provincial, el 5% restante. Se concedió a los ayuntamientos la posibilidad de establecer recursos de recaudación extraordinarios. Entre ellos un timbre especial de 0,25 pesetas en toda la correspondencia que fuese expedida en los municipios de la agrupación Gran Valencia, el doble en los telegramas. Estos sellos constituirán posteriormente uno de los elementos que más han perdurado en la memoria de los valencianos de aquellos años.

Tal y como rezaba la ley en su primer artículo, "para poner a la ciudad de Valencia y su término municipal a cubierto de futuras inundaciones" se realizó una obra colosal. El nuevo cauce poseía una capacidad de desagüe de nada menos que de 5.000 m3/seg. Se colocaron 3 millones de toneladas de piedra y 1.400.000 m3 de hormigón. Se movieron hasta 10 millones de m3 de tierra. En definitiva, una «obra de ingeniería hidráulica de vasto alcance y proporciones colosales».

No se trataba solo de desviar el cauce natural del río y resolver el problema histórico de las crecidas, sino que el Plan Sur abordó multitud de problemas desde un punto de vista de conjunto. Se debían resolver numerosas carencias estructurales, como la imperiosa renovación del alcantarillado o muy especialmente, la reforma de la red ferroviaria y la supresión de hasta 250 pasos a nivel que constreñían la ciudad.

Una transformación completa que debía realizarse con una necesaria proyección a largo plazo. El nuevo cauce no podía suponer un futuro obstáculo para el crecimiento demográfico, urbanístico y económico no solo de la ciudad, sino también de toda su área metropolitana.

Valencia contaba con medio millón de habitantes, pero las nuevas infraestructuras se proyectaron para dar servicio a más del doble. Una previsión necesaria, pues ya por aquel entonces la ciudad experimentó hasta 1980 un período de notable crecimiento demográfico y expansión urbana. Las obras fueron clausuradas oficialmente en 1969 con una visita de Franco, aunque los remates se alargaron hasta 1973.

Tal y como declaró posteriormente el alcalde Arellano ante las cámaras de TVE, «ha podido sacarse de un gran mal, como fue la riada del 57, un gran bien que será esta Valencia del futuro que ya estamos intuyendo». Y así fue. El Plan Sur cambió –transformó– la ciudad y la afianzó como tercera ciudad de España.

A pesar de su implicación personal en el proyecto, explotando todas las influencias políticas a su alcance, Arellano no inauguró las obras. En 1969 presentó su dimisión, descontento con la influencia que había alcanzado el Opus Dei en el gobierno.

 

 

 

 

 

 

 

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