El ministro Castells. Un figura

Cuando el gobierno ya manejaba datos muy preocupantes sobre la que se nos venía encima con la pandemia, prometió acabar con los "salarios de miseria" de algunos profesores.

En plena “negociación” para la renovación de contratos de profesores asociados en la Universidad Politécnica, que previsiblemente terminará con la imposibilidad de contratar el curso próximo a un porcentaje (reducido por el momento) de los actuales, vengo escuchando sorprendentes argumentos que parecen basarse en curiosas declaraciones -todas lo han sido hasta el momento- del titular de Universidades Manuel Castells.

Titular de la “cartera vacía”, como él mismo la describió mientras la exhibía el día de su toma de posesión, titular de un ministerio capado -la Ciencia la gestiona el no menos curioso ministro Duque-, titular de un ministerio que no debiera existir, como postulaba en un sesudo artículo de opinión. No recuerdo si antes o después de recomendar firmeza a Sánchez al recibirle en su mansión de Los Ángeles, para que no fuera “el fin del PSOE” (sic).

Su aparatoso currículum es un sudoku de fechas y cifras del que no oso dudar, preñado de éxitos y equilibrios entre las universidades de Massachusetts (EEUU, 2004/09), Oxford (GB 2007/10) y Santa Clara (Cuba, 2008/10)

Pero catedrático de sociología en la Autónoma de Madrid (1988) y en la Universitat Oberta de Catalunya (creada en 1994) y emérito de la de California, Berkeley, donde enseñó durante 19 años (1988). Su aparatoso currículum es un sudoku de fechas y cifras del que no oso dudar, preñado de éxitos y reconocimientos que incluye 23 “honoris causa” y equilibrios entre las universidades de Massachusetts (EEUU, 2004/09), Oxford (GB 2007/10) y Santa Clara (Cuba, 2008/10), por poner un
ejemplo. Un figura.

Nacido en Hellín (Albacete) hace 78 años porque sus progenitores pasaban por allí, dicen que no ha tenido tiempo de agradecer al alcalde su inmediata y satisfecha carta de felicitación tras su flamante nombramiento. Probablemente atareado en su viaje privado a California para resolver asuntos de urgencia nada más tomar posesión (alquilar su casa, cerrar despachos y recoger documentación de importancia, para que no le pasara como a los estudiantes -“problemita”- que se largaron a sitios “más divertidos” y olvidaron libros y apuntes), confinado a rajatabla después en el pisito de Madrid de Patrimonio Nacional, entretenido en pelear el organigrama de su ministerio sin apenas competencias -están todas transferidas a las autonomías- e ir rellenando su cartera con ocurrencias nunca exentas de sentido del humor y en camiseta, que han revolucionado por igual a rectores, gerentes, profesores y estudiantes. Anda que si llega a tener competencias …

Pero el ministro no es tonto, ni mucho menos. A finales de febrero, cuando el gobierno ya manejaba datos muy preocupantes sobre la que se nos venía encima con la pandemia, prometió acabar con la “precariedad de los campus universitarios” y con los “salarios de miseria” de algunos profesores. Parecía referirse a los más de 20.000 profesores asociados que suponen un 20% de la plantilla universitaria, y a los “contratos falsos” (contratos administrativos que se renuevan -o se renovaban- anualmente, sin derechos laborales de paro, jubilación, etc.) que los medios han traspuesto a “falsos asociados” sin que me conste que el ministro haya pronunciado nunca esas dos palabras juntas. Más interesante me ha resultado escuchar en mi propio departamento a uno de sus partidarios hablar de “asociados de casta”. Otro figura.

No reza, en Wikipedia o similar, que Bandera Roja fuera una organización terrorista, y puedo dar fe de que no lo era cuando en ella militaba nuestro ministro y personajes tan distintos como los valencianos Carmen Alborch, Joan Sifre o Rafael Rivera, las más tarde “populares” Pilar del Castillo y Celia Villalobos, los periodistas Campo Vidal y Jiménez Losantos, y hasta el padre constitucional Solé Turá. En alguna biografía de Castells también se cuela su militancia relacionándola con su “disensión” con el franquismo y su exilio voluntario a París cuando tenía 20 añitos. Lo raro es que
Bandera Roja se fundó tras el mayo francés que nuestro ministro pasó entre Alain Tourain y Cohn Bendit, tras titularse en derecho y antes de un nuevo exilio en USA. Lo dicho, un figura.

Nacionalista irredento, compatibiliza la medalla 38 de la Real Academia (española) de Ciencias Económicas y Financieras desde 2006 y, todavía a fecha de hoy, funge como Presidente del Consejo Académico del Next International Busines School, aunque de docencia on line, con sede en Madrid.
Anuncio nueva entrega tras su contundente afirmación en la Sexta “O tomamos en serio la intervención de las redes en democracia, o tenemos un problema muy grave".
Todo un figura el señor ministro.

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