12 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La verdad de Europa: se acabó el despilfarro y se imponen las reformas

No hay regalos de Europa. España tendrá que recortar el gasto y hacer reformas, y deben ser ambos en la Administración Pública, no a los ciudadanos ni en la economía real.

 

 

Seguramente Pedro Sánchez querrá comparecer pronto en el Congreso para explicar el Plan de Reconstrucción aprobado esta madrugada por la Unión Europea, y todo ello tras negarse a dar ninguna explicación previa ni fijar fecha para ofrecerlas en sede parlamentaria.

Y lo hará para intentar colgarse una medalla por lo que él mismo ha definido, con torpeza, como nuevo "Plan Marshall", apelando a un episodio trágico de la historia europea, tras la Segunda Guerra Mundial, del que poco se debería presumir: Porque retrotrae a un drama, refleja la destrucción del bienestar y rememora la situación en que quedaron algunos países entonces, como ahora España.

Los 750.000 millones previstos finalmente ni serán a fondo perdido ni tampoco incondicionales, en contra del relato sanchista que sus altavoces llevan esparciendo semanas y que ahora, con matices, seguirán difundiendo en el mismo tono épico utilizado por el presidente esta madrugada desde Bruselas.

 

Es una gran cantidad que dará algo de tiempo a España, pero viene marcada sin duda por la perspectiva "frugal" de Holanda: la mitad de los 140.000 a los que aspira el Gobierno serán vía crédito a devolver. Y de la otra mitad a fondo perdido, un 50% deberá ser aportado a su vez por España para cubrir su cuota de los presupuestos europeos.

 

 

Dado que el déficit anual previsto ya es equivalente en la práctica a esos 140.000 millones, es obvio que el rescate europeo -eso es, aunque lo llamen de otra forma- obligará a implementar profundar reformas y a renunciar a algunos desvaríos como la supresión de la reforma laboral.

Y es aquí donde el debate nacional ha de ser intenso para que las reformas necesarias en la Administración Pública no se pospongan y sustituyan por un mero recorte en las prestaciones y servicios a los ciudadanos y una subida fiscal inaceptable.

Reformas, no recortes ni más impuestos

El dinero europeo es finalista, para planes concretos, y estará fiscalizado e intervenido por los representantes de los 27 socios de la Unión. La manera de que sea útil, en fin, es que el Gobierno no lo intente dedicar a mantener el Bienestar del Estado, que es lo que a menudo ocurre cuando se dice estar consolidando el Estado de Bienestar.

Hasta ahora, el cinturón siempre se lo han ajustado las familias, los trabajadores y las empresas. Ahora le toca a la Administración, que nunca sufre ERES ni renuncia a subidas salariales ni deja de estar poblada de infinitos organismos duplicados e innecesarios cuyo sostenimiento se antepone, siempre, al cuidado de la economía real, al bolsillo del contribuyente y a las expectativas de progreso de la sociedad en su conjunto.

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