Tienda de campaña. Tiene razón Iglesias

Los españoles no nos merecemos que Iglesias adopte maneras de asociado universitario de tercera explicando a sus colegas lo de buena o mala educación.

Y un par de bemoles, para presentarse con un ejemplar de la Constitución -de extraña factura externa por cierto- a la manera de Mao y su Libro Rojo de tan triste recuerdo incluso para los chinos, o de Chávez blandiendo su librito bolivariano que ha traído la catástrofe absoluta a los paisanos de mi querida Diana López.

Razón, porque efectivamente los españoles no nos merecemos este último y vergonzoso acto de cinismo de quien ha cambiado el asalto celeste por la vida muelle de su actual casa burguesa. (Y algo habrán tenido que ver en la compra esos bancos que tanto parecen preocuparle)

Porque los españoles no nos merecemos que se nos trate como idiotas con la entradilla –repetida también por su número dos, novia, compañera, pareja; pongan ustedes en el orden adecuado- de que “no somos bobos”, que el latinajo de la escusatio non petita, viene aquí como diafragma a vagina.

Porque los españoles no nos merecemos que Iglesias adopte maneras de asociado universitario de tercera -que haberlos haylos- explicando a sus colegas lo que hay que decir o callar, lo que es serio o no, lo de buena o mala educación. Ni los moderadores de Antena3/La Sexta -buen par de dos- su ayuda inapelada.

Porque los españoles no nos merecemos ese teatro de confrontación con el socialista Sánchez que, probablemente, besa en la boca entre bambalinas.

Porque los españoles no nos merecemos oír del adalid de la mentira, permanentemente instalado en la soberbia y en la crispación institucional de su presidencia ocupada, lecciones de moralidad, ni detectores de verdad para aplicar a terceros.

Porque los españoles no nos merecemos el abuso final de la comparecencia vicaria del escudero Ábalos para hacer balance de los otros y tan palmaria como chulesca demostración de quién ordena y manda en telemateo.

Porque los españoles no nos merecemos la repetida sobreactuación del de Ciudadanos, Rivera, por mucho que su soltura anime a sus propios votantes.

Porque los españoles no nos merecemos la calculada ambigüedad del nuevo líder del PP, Casado, aun cuando los suyos la agradezcan.

Porque los españoles no nos merecemos que se nos hurte el discurso de primera mano del de Vox, Abascal, con la endeble -aunque unánime- justificación utilizada por los trece de la Junta electoral.

Porque los españoles sí nos merecemos que se nos diga de una vez por todas lo que ya sabemos, que España es una nación, antigua, noble y soberana, de ciudadanos libres e iguales. Y que los que pretenden aniquilarla, troceándola, son esbirros de incalificable naturaleza, objeto de toda nuestra repugnancia y desprecio.

Porque los españoles sí nos merecemos que se descarte posibilidad alguna de indulto presidencial a quienes pudieran ser condenados por delitos de extrema gravedad. Naturalmente incluido, se llame como se llame, el de intento de destrucción de nuestra Patria.

Porque los españoles sí nos merecemos que se nos anuncien los pactos postelectorales -legítimos- que debiéramos tener en cuenta antes de depositar el voto sagrado en las urnas de verdad.

Porque los españoles nos merecemos políticos enteros, honestos y bien preparados

Porque los españoles, como Ketama, no estamos locos, que sabemos lo que queremos mientras asistimos al insufrible espectáculo de vaciedad de dos debates bochornosos. No menor que la del conjunto de nuestros esforzados logros democráticos, de la de nuestro vulnerable territorio rural … o, incluso, la de nuestros bolsillos, de donde salen sus alborotados emolumentos.

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