28 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez tropieza con Guaidó y alimenta las sospechas sobre Podemos y Venezuela

El insólito giro del Gobierno hacia Guaidó desdibuja el papel de España en el mundo y lanza inquietantes preguntas al viento sobre las razones de un viraje incomprensible.

 

 

Los lazos históricos, culturales e idiomáticos hacen de la crisis venezolana un asunto más de nuestra política doméstica. La gira de Juan Guaidó por Europa, escala en España incluida, ha representado para todos la ocasión de retratarse. Nuestro país tiene una especial responsabilidad con Iberoamérica.

Si bien siempre resulta complicado digerir las intenciones de Pablo Iglesias, tan allanado a la dictadura venezolana, más lamentable ha sido, por su responsabilidad institucional y su repercusión, el rechazo de Pedro Sánchez a recibir a quien él mismo reconoció con pompa en una comparecencia en La Moncloa como presidente de Venezuela.

Aquel gesto de Sánchez fue un compromiso democrático, un espaldarazo a Guaidó para encabezar una transición que debía devolver la libertad al pueblo venezolano. No cabía otra, toda vez que Nicolás Maduro se había proclamado jefe de Estado tras un proceso electoral ilegítimo. De ahí también que Guaidó fuese reconocido por la mayoría de las naciones americanas, con Estados Unidos a la cabeza.

 

Con tales antecedentes en la mano, es incomprensible la actitud del presidente del Gobierno, a todas luces, lastrado en política exterior por la entrega de sus socios de coalición a la tiranía chavista. Una deriva afeada con ahínco por alguien con tanto predicamento al otro lado del Atlántico como el ex  presidente socialista Felipe González.

¿Cómo entender que ahora Sánchez dé la espalda a la alternativa democrática venezolana? Difícil de creer viendo el tono contundente contra Maduro empleado por el mandatario español en enero de 2019, en su viaje a la República Dominicana en plena crisis de Venezuela para asistir a la clausura del Consejo de la Internacional Socialista:

“Quien contrapone socialismo y libertad, quien responde con balas y prisión a las ansias de libertad y de democracia, no es un socialista, es un tirano”, dijo. La frase retumbó entonces –para bien-- en numerosas cancillerías.

Tras el burladero

Pero ya se sabe, una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Y los hechos han ido en otra dirección. El presidente ha preferido esconderse tras el burladero de la Unión Europea con el mensaje, siempre socorrido para él,  del “diálogo”. Tal ha sido su receta para un pueblo que sufre hambre atrasada de alimentos y de libertades.

 

 

Especialmente extravagante ha sido el peaje pagado por Sánchez con la escapada nocturna de su ministro José Luis Ábalos para verse con la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez

Ábalos ha pasado en pocas horas de la negación absoluta de la reunión en Barajas, a hablar de “encuentro casual” y reconocer un “saludo forzado”, para terminar afirmando (veremos si no vuelve a cambiar la versión) que fue solo un mensajero del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, para recordarle a la número dos de Maduro que no podía pisar suelo español por estar incluida en el listado de personas sancionadas por la Unión Europea acusada de violaciones de derechos humanos.  Un rosario de despropósitos.

Por el momento al menos, La Moncloa no ha dado pistas de los motivos que han llevado a Sánchez a no reunirse con Guaidó. Ha delegado en su nueva titular de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya.

Podemos y el Régimen

Lógicamente, se han disparado las conjeturas, incluida sobre una petición expresa en este sentido de la vicepresidenta venezolana a nuestro Gobierno. Ella, por cierto, es la misma que guarda celosamente toda suerte de datos de la larga colaboración de los líderes de Podemos con su régimen.

 

Pero, Iglesias y su entorno siempre han mostrado una disposición a alargar la agonía de todo Estado carcomido por la corrupción. Empezando por el venezolano. El castigo lo llevan al ver aquel país en un colapso político, humano y económico total. Aunque ellos hace tiempo que han hecho lobby en favor de intereses en lugar de valores. Y el resultado está a la vista de todos

Ahora bien, nuestro presidente sí ha perdido una excelente ocasión de asociar con orgullo el nombre de España a la mejor de las causas posibles, la de la defensa de los derechos humanos, la democracia y la libertad. Mientras, en su periplo por Europa, Juan Guaidó ha sido recibido por Boris Johnson, Angela Merkel, Josep Borrell o Emmanuel Macron. Pedro Sánchez, por desgracia, ha sido la sonora excepción.

 

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