24 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

No existe el "derecho a morir" pero mucho menos a que el Estado te mate

Sánchez e Iglesias, paladines de la eutanasia

Sánchez e Iglesias, paladines de la eutanasia

Una sociedad que solo sabe ofrecer la muerte a quienes llegan a sus últimas horas o no quieren vivir es una sociedad inhumana y cruel. Nada de progresista.

 

 

El Congreso ha dado el primer paso para que, en torno al mes de junio, quede aprobada la primera Ley de Eutanasia de España, el eufemismo utilizado para reconocer el inexistente "derecho a morir" y facultar al Estado a matar: suena dura la expresión, pero es el resumen que mejor sintetiza la enésima reforma ideológica que impulsan el PSOE y Podemos.

Porque, al calor del unánime deseo general de vivir y morir sin dolor, Pedro Sánchez lanza una legislación, con una proposición de ley para que prospere por mayoría simple como si fuera un tema menor, que contradice la esencia del ser humano: ayudar a vivir, auxiliar al que pierde las ganas y aliviar el dolor de aquellos que llegan a su hora.

No tiene nada de progresista abandonar a nadie, en cualquiera de sus circunstancias, y ofrecerle como única ayuda la asistencia al suicidio. No desde luego en gente sana, como ya ha aprobado Holanda para mayores de 70 años con su repugnante pastilla letal.

 

Pero tampoco en enfermos: si padecen enfermedades terminales, una ley de cuidados paliativos y la propia ciencia son suficientes para no prolongar su vida artificialmente y para acabar con su sufrimiento en las últimas horas.

Y si sus patologías son graves, crónicas o muy limitadoras, lo humano es acompañarles para que encuentren un sentido a la vida y no reconocerles que no lo tienen para que prosperen sus deseos mortales.

 

 

Porque la eutanasia es una cuestión humana, moral y ética que no admite medias tintas: allá donde se aprueba para casos concretos, termina aceptándose para todos los casos. Una vez puesta en marcha y reconocido un derecho que en realidad no es tal, y supone una derrota del ser humano y de la sociedad en su conjunto, se termina aceptando la generalización para todos los casos, antes o después.

El Estado no mata

Es evidente el fin ideológico del Gobierno, que se estrena en el Congreso con esta propuesta el mismo día en que confiesa el inminente fracaso económico que contienen sus previsiones, marcadas por el derroche del gasto público y el retroceso del crecimiento y del empleo.

Y podría pensarse que lo mejor es no morder el anzuelo y desechar un debate marcado por el mismo objetivo sectario que la revisión histórica o el feminismo, causas nobles siempre y cuando no se malversen con fines políticos y frentistas que buscan trincheras en lugar de puentes. 

Pero, aun a costa de caer en el juego, no se puede rechazar un debate conceptual de primera magnitud que nos mide y retrata. Si lo mejor que podemos hacer por alguien es matarle, la humanidad está perdida.

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