El razonamiento electoral perverso

Si Rivera acaba dándole árnica al inquilino de La Moncloa con la excusa de no someter al Estado a más tensiones insoportables, lo pagará en las municipales y europeas.

Las encuestas más favorables a Pedro Sánchez vaticinan que sólo hay dos opciones de gobierno en España: él con los separatistas, o él con Ciudadanos. Sutil manera de echarle la responsabilidad -que a este paso la va a acabar teniendo- a Albert Rivera. Eso, con los votos contados y los escaños adjudicados.

Por su parte Rivera, con su anunciado cordón sanitario, intenta convencer a los votantes antes de que la suerte esté echada, de que pronunciarse por Sánchez es volver a dejar el país en manos de quienes no lo quieren, porque la segunda opción que plantean las encuestas del presidente no es posible.

Y no lo es porque si Rivera acaba dándole árnica al inquilino de La Moncloa con la excusa de no someter al Estado a más tensiones insoportables, lo pagará en las municipales y europeas de un mes después. El cordón se impuso como premisa de juego porque se detectó que las bases de Ciudadanos no perdonan el pasado reciente de Sánchez, mucho menos su futuro.

Así que la elección, al final, en un razonamiento electoral perverso, parece que va a ser digna de Supervivientes, en el que sólo puede quedar uno: o Sánchez, o Rivera, o el Estado. Salvo que las que acierten sean las otras encuestas, las que le dan el éxito a la derecha, a lo que ayudaría que ésta se coaligara en las provincias pequeñas, como le piden cada vez más observadores.

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