21 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El olfato de Cifuentes: saca provecho para el PP del pacto de Sánchez y Rivera

Cristina Cifuentes e Ignacio Aguado.

Cristina Cifuentes e Ignacio Aguado.

El acuerdo entre ambos no ha llenado precisamente de gozo a la familia madrileña de Ciudadanos, y es comprensible. No en vano le da una baza a la presidenta de la Comunidad de Madrid.



Un experto dirigente del PSOE, de los que siempre suena para todo aunque nunca logre el cetro pero tampoco se queda fuera nunca mande quien mande, lanza la caña cada día, poniendo palabras concretas a un runrún iniciado tras el acuerdo entre Pedro Sánchez y Albert Rivera: “Ahora Ciudadanos tiene que apoyar otro Gobierno para la Comunidad de Madrid”.

Sabe que eso es imposible, pero aun así deja que el sedal del carrete corra para provocar a sus adversarios, generar alguna contradicción y, por qué no, enredar todo lo que se pueda, que es una de las especialidades de este veterano dirigente experto como pocos en la guerra de guerrillas.

El pacto entre el PP y Ciudadanos no corre peligro en Madrid, pero obviamente el acuerdo nacional permite activar un juego político que, por mucho que se rechace el partido naranja, es legítimo tras el apretón de manos y el intercambio de firmas entre Sánchez y Rivera.

Y lejos de inquietar esto al Gobierno de Cristina Cifuentes, le da una baza: en la Puerta del Sol se es bien consciente de que Ignacio Aguado no se puede ir de repente con Ángel Gabilondo y José Manuel López y que, a la vez, la aproximación nacional a los socialistas refuerza a los populares como referencia del votante de centro y de derechas en la Comunidad.

El acuerdo, por eso mismo, no ha llenado de gozo a la familia madrileña de C´s, aunque nadie abrirá la boca para decirlo, sobre todo tras haber constatado cuál es el Plan B de Rivera si fracasa la investidura de Sánchez, algo que se da por hecho: negociar lo mismo con el PP y exigir al PSOE que se sume.

Para algunos, éste es en realidad el Plan A y siempre lo fue, aunque el encargo del Rey a Pedro Sánchez que tan mal sentó en Génova, aunque era inevitable, ha invertido la secuencia y los tiempos, ‘obligando’ a Rivera a sentarse con un candidato que quedó cuarto en Madrid, sacó sólo 90 diputados, tiene en contra a la mitad de su propio partido y es capaz de pactar o patear al mismísimo diablo en función del interés de cada momento: ahí tienen los pactos en Madrid, Castilla-La Mancha o la ciudad natal de Cervantes para demostrarlo, firmados con los mismos ‘populistas’ de Pablo Iglesias a los que se ha denostado ‘eligiendo’ a Ciudadanos para enfilar la investidura.

“Es un debate sobre proyectos, no sobre escaños, y aunq­­­­ue haya gente que no lo entienda, lo entenderá con el tiempo. Con 40 escaños estamos intentando cambiar y reformar este país”, explica un alto cargo de Ciudadanos, consciente de que se han dejado muchos pelos en la gatera pero también de que la historia se recuerda por cómo termina más que por cómo comienza.

Si falla lo de Sánchez, y va a fallar, Rivera se pondrá a disposición de Rajoy y le ofrecerá un acuerdo, exigente pero accesible para que los populares sumen 163 escaños, a 13 de la mayoría absoluta pero 17 por encima de los que llevaron a Aznar a La Moncloa en 1996.

“Y se podrá presionar al PSOE para que se sume, tras haberle liberado a él y a España del populismo”, analiza un dirigente naranja, convencido de que Sánchez ha podido querer utilizar a Ciudadanos, pero sobre todo de que ahora quedaría muy mal retratado si intenta un acuerdo a la desesperada con Podemos que no alcanza, además, sin añadir a los independentistas.

“La cuestión es que si el PP ve que PSOE y Podemos no se entienden, puede preferir ahora nuevas elecciones y llegar a ellas con el mensaje de que votar a Ciudadanos es votar al PSOE”, analiza un buen conocedor de los fogones de Génova. “La clave va a estar en si Rajoy, a partir del 5 de marzo, se dirige antes al PSOE que a Ciudadanos para pactar, sabiendo que Sánchez no va a querer. Eso significará que apuesta por otras elecciones”, explica, “para llegar como única referencia para el votante de centro y de la derecha”.

“La única opción es que Sánchez tema no ser candidato y se sume, al menos con la abstención, a un eventual acuerdo de PP y Ciudadanos para poder seguir al frente de su partido en el Congreso”, analizan, sin demasiada confianza en que algo así pueda pasar.

¿Y en Madrid cómo afecta este juego laberíntico? Muy poco, como ya hemos dicho, en la Puerta del Sol, donde Cifuentes coge fuerzas institucionales y orgánicas, repitiendo un poco (salvando las distancias) el itinerario de Susana Díaz, para quien las necesidades del PSOE le pillaron demasiado pronto, al poco de ganar sus elecciones autonómicas y empezar a gobernar en Andalucía.

“Ahora mismo no está en discusión la posición de Rajoy, el PP en esto siempre está unido se piense lo que se piense que es mejor para unas nuevas elecciones”, detallan desde el entorno de Cifuentes. “Ella está para lo que necesite el PP, pero su misión es la Comunidad de Madrid y lo sabe, le gusta y quiere hacerlo muy bien ahí”, concluyen.

Menos claro es el panorama en el Ayuntamiento capitalino, gobernando por alguien que no gobierna ni controla a su heterogéneo equipo, por mucho predicamento que tenga en las televisiones. “Si Sánchez cae, Carmona querrá recuperar el cetro y exigirá a Carmena la Vicealcaldía. Y si eso no ocurre, la oposición de PPAguirre se siente muy on fire y no reculará- y Ciudadanos se endurecerá y el PSOE tendrá difícil ser el sostén sin más de esta alcaldesa si cada día su Gobierno da un espectáculo”, apuntan fuentes municipales.

Con todo abierto, salvo en la sólida Puerta del Sol, una última incógnita pesa en el ambiente. ¿Aguantará Carmena toda la legislatura o, cansada por igual de parte de los suyos y del mismísimo Pablo Iglesias, se planteará dejarlo cualquier día de éstos? No parece probable ni cercano, pero que nadie lo descarta del todo, es un hecho más que consolidado.

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