22 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El sonrojante aislamiento de los Reyes en Cataluña no se puede seguir tolerando

Cuando se coacciona y aísla a Felipe VI en Cataluña desde las propias instituciones se denigra y maltrata a España. No se puede ni se debe admitir ni consentir.



 

 

Los Reyes han llegado a Barcelona para entregar unos premios radicados en Gerona, provincia natal de Puigdemont, pero cambiados de lugar por la situación política. Que el Jefe del Estado tenga que mudarse de lugar para cumplir con sus funciones, por lo demás especialmente amables en este caso, lo dice todo del independentismo pero también de España.

Y que, pese al cambio, tengan que esconderse poco menos en la Ciudad Condal, entre enormes medidas de seguridad, nula visibilidad y calles cortadas por los mismos violentos que incendian las calles desde hace semanas; remata una imagen desoladora que España no debe tolerar.

Porque el Rey es el representante constitucional de todos, y coaccionarle y esconderle a él es la peor metáfora de cómo se maltrata a España desde el nacionalismo catalán, el mismo que viaja a Madrid sin ningún problema para protestar por lo que quiera con Quim Torra al frente.

Es inadmisible la imagen de un Rey aislado y coaccionado por el separatismo: España no lo debe tolerar

Ese contraste entre la facilidad con que el separatismo ocupa la emblemática Castellana de la capital para lanzar sus soflamas y la enorme dificultad con que Felipe VI visita Cataluña resume,  sin duda alguna, el carácter genuinamente totalitario del separatismo y el espíritu profundamente democrático del Estado de Derecho español.

Pero tampoco se debe ser ingenuo ni, mucho menos, laxo. Al Rey le han declarado persona non grata en instituciones de todo tipo en Cataluña; le exigen no pisar suelo catalán; le reciben con violencia y le denigran en público desde las propias instituciones sin que nadie haga nada.

El ejercicio de la libertad de expresión es amplio y su calidad se percibe, especialmente, cuando lo ejerce el desigual para proferir ideas y protestas que nos desagradan. Pero en él no cabe el sabotaje ni la coacción ni la persecución. Y eso es lo que sufre la Corona en Cataluña, símbolo de esa España generosa con sus distintas sensibilidades que no puede ser pisoteada impunemente.

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