06 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Antonio R. Naranjo

    El Gran Carnaval

    Como en la película de Billy Wilder, la política española es un carnaval solemne, cómico y trágico a partes iguales. Y así es esta bitácora de un analista perplejo que cada día lo observa todo en ESdiario y Herrera en Cope.

El mundo tendría 3.2millones de muertos con la tasa española que tapa Sánchez

Si hay un gran bulo circulando, es el que difunde el Gobierno a diario, asegurando que la tasa de mortalidad española está en la "media" de Europa. Ésta es la durísima realidad.

Lo dice casi a diario Fernando Simón y lo repite cada fin de semana, a su manera, Pedro Sánchez: la letalidad del coronavirus en España está en la "media" de Europa, que a su vez es la peor del mundo. El médico, reconvertido en voz del Gobierno ante los españoles, va incluso más lejos y ha llegado a situar en el "10%" la letalidad nacional, "parecida o incluso menor que la media europea", dijo en una de sus intervenciones.

No solo es un dato equivocado, sino que el "error" no tiene nada de involuntario y obedece a la misma estrategia del Gobierno de colar el bulo, por utilizar sus propias palabras, de que en España se actuó "antes que en Europa", como repite Sánchez hasta la saciedad.

Una mensaje que ha prosperado, ayudado por la práctica totalidad de los medios de comunicación, que bien por desconocimiento o por auxiliar al Gobierno, la dan por buena e incluso la recubren de una apariencia científica. Un ejemplo, el especialista de "El Objetivo" de Ana Pastor, este fin de semana en La Sexta:

 

 

La cifra utilizada es un truco contable destinado, con cifras aparentemente reales, a simular que el COVID-19 no está teniendo más impacto en España que en tantos otros países. Con el evidente objetivo de librar al Gobierno de una fiscalización profunda de sus errores, retrasos y decisiones.

Básicamente, Moncloa y su Comité Asesor, y luego los programas dedicados a cazar bulos, dividen el número total de fallecidos oficiales entre la población contagiada formalmente: si en España hay 20.852 muertos y 200.000 infectados confirmados, la tasa en números redondos es del 10%.

 

Aplicada al conjunto del planeta, esa misma cifra sería del 6.8%, resultantes de dividir proporcionalmente los 163.000 fallecidos consignados entre los 2.3 millones de afectados reconocidos. Tres puntos más, aunque esta cuenta es equivocada.

Porque en ambos, es un resultado falso, con rotundidad, que intenta establecer una "verdad oficial" benévola para el Gobierno de España y establece una equiparación del impacto del coronavirus parecida en todos los países. Cuando, en realidad, el caso español es casi único en el mundo.

La manera de contar objetiva

La mortalidad real solo se puede medir con los únicos datos seguros: la población total de cada país, que no varía, y su número de víctimas mortales, que puede crecer cuando el recuento sea completo, pero nunca descender. Esa simple división te ofrece un resultado inapelable: el número de fallecidos por cada millón de habitantes. Esto es, la dimensión auténtica del coronavirus con arreglo a la proporción del país.

Solo así se puede ver la foto real, interesadamente tapada por el Ejecutivo, porque el resultado es demoledor y sitúa a España frente a su realidad y a su Gobierno frente a sus errores: en España mueren, con datos oficiales a 19 de abril, 437 personas por cada millón de habitantes, un devastador número sin igual en el mundo.

Si la tasa de mortalidad española se aplicara al mundo, habría cien veces más muertos en el planeta

Si ésa fuera la media "normal" en el mundo, como vende a diario Fernando Simón, el planeta tendría exactamente 3.2 millones muertos. Esto es, veinte veces más de los 163.372 recogidos en las estadísticas oficiales. Esas son las personas que habrían perdido la vida si la virulencia del COVID-19 hubiese sido la misma para todos, tal y como sostiene el Gobierno y repiten buena parte de las televisiones.

No hay otra manera de medirlo para entender de verdad el fenómeno. No lo es valorar los muertos totales sin tener en cuenta la población (siempre tendría más Estados Unidos, pero es tan falsa la conclusión como decir que un chino es más rico que un kuwaití por su PIB total es mucho mayor cuando su renta per cápita es infinitamente inferior). Con esa cifra, que es la hay que utilizar, la desproporción de España también se percibe país por país con muy pocos que se acerquen.

Frente a los 437 españoles (un baremo que cambia al día pero siempre en torno a los 400); en Grecia hay 10, en Portugal 67, en Polonia 9, en Noruega 27: las diferencias son abrumadoras con todos, incluyendo a los peores parados. Estados Unidos tiene 117, Francia 296, el Reino Unido 227 e Italia, que fue la primera y la única que puede decir que no tuvo ejemplos cercanos, 384.

 

La única explicación a esta abismal diferencia es que, para un virus idéntico advertido por la OMS desde el 31 de enero a todos los países, unos adoptaron medidas rápidamente y otros no. España, en contra de lo que dice Sánchez, permitió incontables eventos de masas hasta el 8 de marzo, vuelos a Italia hasta el 10 de marzo y favoreció con ello un contagio masivo que colapsó a su vez los hospitales.

Un fenómeno español

Países con muchos menos recursos como Grecia, que invierte en sanidad un 50% menos que España per cápita, tienen en toda la pandemia menos muertos que España en 24 horas. Ésta es la realidad verificada. Y es una realidad que deja muy mal parado al Gobierno.

Quizá por eso hace otros cálculos que no son son más que mero maquillaje para topar una conclusión demoledora, planteada siquiera como pregunta: ¿Qué se hizo mal para que, teniendo la misma información que todos los países, en España se haya multiplicado la tasa de mortandad de del resto de una forma tan rotunda?

Comenta esta noticia