21 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Las ocurrencias diarias de Sánchez para tapar su lamentable situación

 

 

Prácticamente a diario, Pedro Sánchez se descuelga con una propuesta que o es inviable, o es absurda, contraproducente, sectaria o simplemente a un plazo tan largo como incompatible con su propia permanencia en el cargo: la penúltima, anunciar desde su Gobierno que para 2040 prohibirá la circulación de coches movidos por gasolina, gasóleo o incluso de tecnología híbrida.

La mezcla de medidas ideológicas con recetas frentistas no puede maquillar ya el estado de salud del Ejecutivo ni de quien lo encabeza

Faltando 22 años para esa fecha, proponer algo así sólo ha servido para dañar al sector del automóvil y desestabilizar en general al mundo empresarial, del que depende el empleo, en un contexto de inquietud económica incipiente, de falta de Presupuestos Generales y de dudas crecientes en Europa al respecto de la salud de la economía española.

Nada se gana, pues, con ocurrencias de este tenor, salvo una colección de titulares que quizá -y ésa ha de ser la intención- desvían la atención de la opinión pública sobre los problemas reales del país y la situación objetiva de quien teóricamente ha de gestionarlos.

La dura realidad

La mezcla de medidas ideológicas con recetas frentistas, en la línea de la exhumación de Franco (tan razonable en el fondo como epílogo de la conciliación como infumable en las formas por el deseo de resucitar bandos), no puede maquillar sin embargo el estado de salud del Ejecutivo ni de quien lo encabeza: sometido a la presión del nacionalismo (el mismo que jalea el hostigamiento al juez Llarena), carente de fuerza para sacar adelante unos Presupuestos y sometido a Podemos.

Sánchez está intervenido por Podemos e hipotecado por el soberanismo. Todo lo demás es humo para disimular

Es decir, un Gobierno sin capacidad de maniobra y a la vez hipotecado por quienes menos creen en la estabilidad de España y más apuestan por su ruptura o transformación. Ese panorama exige Elecciones Generales, pero Sánchez ha optado por intentar dibujar una realidad paralela que adormezca con ideología la capacidad analítica de la sociedad y opere como un somnífero de su conciencia y un reactivo de su maniqueísmo.

La agenda sectaria de Sánchez, unida a la populista de Podemos y a la rupturista del soberanismo; requiere de una confrontación urgente con las urnas que el Ejecutivo, sin embargo, rechaza una y otra vez. Probablemente con la única idea de ganar tiempo para ver si esa nueva cosmovisión germina y coloniza de algún modo a una mayoría. Un objetivo tan inquietante como irresponsable, especialmente en un país que parece dirigirse de nuevo a otra crisis económica.

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