22 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El impresentable comportamiento de los rectores y el abandono de sus alumnos

Es intolerable que el Estado no haga nada para proteger a los alumnos saboteados en sus facultades, con la complicidad de unos rectores indignos que deben ser relevados.



 

 

 

El boicot de los violentos a la enseñanza universitaria en Cataluña es una espléndida metáfora para entender la esencia del independentismo, ya definitivamente desnudo frente a su tétrico espejo: boicotear la educación resume la naturaleza sectaria, supremacista y alocada de un movimiento que cercena derechos tan esenciales como el de enseñar y el de aprender, bases de una civilización que obviamente desprecian.

Ver a decenas de encapuchados evitando a cientos de chavales entrar en su clase para proseguir con su carrera es un enorme y doloroso símbolo de lo que está ocurriendo en Cataluña, pasto de las peores bajezas e imposiciones, todas tuteladas -cuando no impulsadas- por las instituciones que deberían velar por la ley y proteger los derechos individuales y colectivos.

Cada encapuchado se siente, sin embargo, legitimado e incluso premiado por Quim Torra y la Generalitat, lo que en sí mismo debiera ser suficiente para proceder a su destitución con los mecanismos que recoge la ley: es intolerable que el primer responsable de la convivencia sea quien más haga por acabar con ella, ora animando a los violentos, ora instigando investigaciones contra su propia Policía autonómica.

 

Pero también merecen un apunte los rectores, por lo general una casta de privilegiados que apelan en toda España a su autonomía para no dar explicaciones de la Universidad que dirigen -de escasa calidad según todos los ránking internacionales-, actuar con una opacidad sangrante y reclamar recursos económicos de cuyo uso no dan cuenta.

Los rectores catalanes deben ser destituidos y el Estado debe velar por los alumnos saboteados en sus propias facultades

A esos males generales, los rectores catalanes le añaden un seguidismo inaceptable con el procés, que les ha llevado a abandonar a sus alumnos e, incluso, a incentivar la consecución de títulos o asignaturas para todos aquellos que participen en la huelga, inventándose un sistema de evaluación indigno de una academia de pueblo pero muy acorde con el desquiciamiento separatista.

Sabotaje

Aunque el ecosistema soberanista nos haya acostumbrado desde hace años a todo tipo de abusos y excesos liberticidas e ilegales en nombre de una democracia que en realidad pisotean pues rechaza su principal ingrediente -al existencia del distinto-; el sabotaje universitario supera casi todos los límites.

E invita al Estado a actuar, con toda la contundencia a su alcance legal y toda la autoridad que concede la causa democrática que está en juego. Relevar a esos rectores, miserables hasta la extenuación, debiera ser posible. Son indignos de representar valores como la palabra, el conocimiento y la convivencia. Pero nadie hará nada al respecto.

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