Cuando el Canyamelar ya estaba de moda

El Canyamelar ha sido siempre, por su proximidad al Grau y por su propia idiosincrasia, un lugar tenido en cuenta para grandes proyectos

Si hoy hay ciertos nombres que, sólo oírlos, nos sugieren bellos paisajes, playas doradas o selectos lugares de placer y diversión, eso mismo pasaba - no hay casi nada nuevo bajo el sol - hace más de un siglo y medio, siendo uno de estos lugares el Canyamelar, barrio marítimo de Valencia.
Si ya a finales del siglo XVIII la sociedad elegante de Valencia iba a esa playa durante la temporada de baños, la costumbre se popularizó sobre todo a partir de la llegada del ferrocarril a la Vilanova del Grau en marzo de 1852.
Tal hecho despertó rápidamente el instinto comercial de ciertos prohombres, tanto de la ciudad de Valencia como locales, lo que generó un mar de proyectos a cual más ambicioso para disfrutar tanto de los placeres del verano junto al mar como para obtener pingües beneficios basados ​​en espectaculares planes urbanísticos, planes que quedaron en eso, meros planes y, en algunos casos, en bellos sueños.
Como una muestra de lo “que pudo haber sido y no fue” citaremos textualmente lo que se publicó en la Gaceta de Madrid del 27 de diciembre de 1856: “Desde muy cerca del rihuet [actual calle Francesc Cubells] partirá hasta la acequia de Gas [actual calle del Mediterrani] una gran calle [actual calle de la Reina], con una extensa calzada en el centro y un lindo paseo a cada frente de una manzana; las alquerías tendrán, por lo menos un cincuenta por ciento más de terreno del que ocupan las que hoy existen en el Cabañal o Cañamelar.
El sistema de construcción será tan sencillo como elegante. Será una mezcla del sistema de las casas de campo de Inglaterra con el de las casas de Sevilla. Un pequeño jardín dará entrada a las alquerías por las dos puertas, de delante y de detrás.

En los otros dos costados se colocará la cuadra y la cochera y la cocina y habitaciones de los criados pegadas al cuerpo del edificio pero independientes de él; los que prefieran tener almacenes en esta parte del edificio podrán servirse para ello de estos dos departamentos. Una pequeña escalinata dará entrada a la habitación principal, cuyo salón será embellecido por un arco o mediopunto (sic) en el centro, y otro arco en cada uno de los costados con tres órdenes de columnas istriadas (sic) o sencillas que partan en fila y perfecta euritmia desde un extremo de la habitación al otro.

A los dos lados de este gran pórtico, que será la verdadera habitación, habrá de seis a ocho cuartos, para dormitorios, despacho, tocador y un pequeño desván para colocación de efectos y aún de algún criado, y una elegante terraza, rodeada de una galería, coronará estas alquerías, que unirán la comodidad a su elegancia, y cuyos gastos de construcción se calcula no pasarán de 1.500 a 2.000 duros.
Parece que a fines del próximo mes se dará principio a la plantación de árboles en la gran calle para que todos puedan observar la alineación; en el centro de la calle habrá una gran plaza y glorieta, donde se destacará una elegante y suntuosa fonda, capaz de contener con comodidad y holgura a ochenta o cien personas.

En la fonda habrá distintos departamentos por los precios de 14, 20, 24 y 30 reales por persona, por todo gasto. Habrá en la fonda salón de conversación, salón de lectura, café y salón de baile, éste con independencia y para alquilarlo al que lo solicite, con el objeto de que se haga la vida agradable y alegre que debe hacerse en la temporada de los baños”.
Como podemos ver, una verdadera urbanización orientada al placer y al lujo, situada en la calle más elegante del antiguo Pueblo Nuevo del Mar: la actual de la Reina en la zona del Canyamelar.
Este elitista proyecto urbanístico no se llegó a materializar tal como estaba planeado pero, hay que preguntarse ¿es la llamada Casa de la Reina, mansión edificada en 1862, reconstruida y dedicada a Biblioteca Municipal, situada en la calle de la Reina nº 85 una pálida réplica de aquellas fastuosas alquerías? Quizá nunca lo sabremos pero soñar no cuesta dinero.

¿Es la llamada Casa de la Reina, mansión edificada en 1862, reconstruida y dedicada a Biblioteca Municipal, situada en la calle de la Reina nº 85 una pálida réplica de aquellas fastuosas alquerías?


El frustrado proyecto demuestra que el Canyamelar ha sido siempre, por su proximidad al Grau y por su propia idiosincrasia, un lugar tenido en cuenta para grandes proyectos. También hoy.
Aquí estaba, en otro tiempo, la fábrica de cerveza El Aguila. Hoy hay en sus renovados locales un Polideportivo Municipal que debería llevar exclusivamente el nombre del barrio que lo acoge: El Canyamelar.

Aquí se encuentra el único teatro que hay en el Marítimo: El Teatre El Musical, una joya arquitectónica. Aquí tiene su sede una más que centenaria y laureada sociedad musical: El Ateneu Musical del Port. Aquí está la Delegación Municipal del Ciclo Integral del Agua. Aquí se ha construido el Observatori del Canvi Climàtic, también de titularidad municipal. Aquí hay un rosario de antiguos (algunos centenarios) y selectos restaurantes en la playa, junto a esta réplica a lo grande de la fonda que se quería construir en esa "gran plaza y glorieta ", que es el Hotel Las Arenas.

Aquí está la taberna - en pleno funcionamiento - más antigua de Valencia (1836): Casa Montaña. Aquí se encuentran Casa Guillermo , l’Àncora del Canyamelar, El Portón del Mar y Anyora. Aquí está La Paca, lugar de bohemios y alternativos y aquí sigue, en el corazón del barrio, un templo cargado de historia y leyenda fundado por el arzobispo Mayoral, consagrado en 1774 y dedicado a la Virgen del Rosario.
Pero esto que tenemos no debe ocultar las graves y grandes carencias en el terreno social y económico que el Canyamelar sufre y que, entre todos, tenemos que hacer lo posible por paliar y solucionar.

*Coordinador de Canyamelar en marxa.

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