22 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Bruselas azota a Sánchez y Cataluña no para, pero la prioridad es Franco

El varapalo de Europa a las cuentas de Sánchez y la disparatada crisis en Cataluña no tienen respuestas del Gobierno, centrado en una agenda ideológica tan agitadora como ineficaz.



 

 

Que para Pedro Sánchez la mayor "emergencia democrática" sea exhumar a Franco, evitando además que esa circunstancia sea la coronación tranquila de la reconciliación nacional y procurando por todos los medios que reabra viejas heridas con fines electorales, lo dice todo del presidente en funciones y candidato del PSOE.

No se trata de discutir la oportunidad de rematar la Transición con la reconversión del Valle de los Caídos en un espacio de fraternidad e historia que no ensalce a nadie ni mantenga la terrible España de los bandos; sino de denunciar que ésa sea la mayor prioridad del presidente socialista y que, además, lo haga con un espíritu revanchista ciertamente lamentable.

Que los muertos de las cunetas y las fosas sigan siendo los mismos que cuando Zapatero primero y Sánchez después se sirvieron de su dolor para resucitar un país de trincheras, termina de definir la catadura de ambos y la bajeza intelectual que mueve sus teóricamente saludables intenciones.

Más que enterrar definitivamente la Dictadura, han pretendido por todos los medios resucitar a Franco con el objeto de disponer de un comodín ideológico con el agitar y movilizar a su electorado si lo perciben alicaído.

Sin pulso

Pero además, el espectáculo montado en torno a la exhumación de Franco, del que se ha hablado en los últimos tres meses más que en casi 50 años, coincide con otras dos auténticas emergencias democráticas y nacionales ante las cuales la pericia brilla por su ausencia y la falta de pulso resulta ya escandalosa.

Mientras Sánchez se entretiene y divide con Franco, la España real se retrata en Bruselas y Cataluña con estrépito

Empezando por Cataluña, okupada literalmente por un independentismo que cuando no agita la violencia en las calles malversa las instituciones para someterla a un arbitrio inaceptable que conculca los fundamentos de la democracia en aquella Comunidad.

Ante eso, Sánchez no tiene otro discurso que la fatua exigencia a Torra de condena -¿Y a Otegi no, como inductor de la cesión del Gobierno de Navarra al PSOE?- y los posados fotográficos destinados a calmar la sensación, muy instalada en toda España, de que él mismo ha incentivado lo que ahora dice repudiar y combatir: tiene difícil convencer a nadie de su dureza con los independentistas de los que se sirvió, hace poco más de un año, para llegar a La Moncloa.

De otro lado, Bruselas ha retratado la complicada realidad económica de España con un contundente aviso sobre los presupuestos y la fiscalidad que quita la careta al Gobierno de los "viernes sociales" y le dibuja como lo que es: un irresponsable generador de déficit, que es al Estado de Bienestar lo que la contaminación al ecosistema.

La incapacidad

Sánchez, en fin, en un político incapaz de gestionar los problemas reales pero con una formidable habilidad -y apoyo televisivo- para maquillar sus carencias con operaciones de marketing ideológico centrado siempre en lo emocional.

Trasladará a Franco, sí, pero mientras la economía empieza a derrumbarse y el separatismo no frena en su intento. Y ante ambos problemas, la respuesta es inexistente o desastrosa.

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