La ciudad no es para mi: Jueves convulso

José Luis Ábalos

José Luis Ábalos

El ministro Ábalos, que debiera ser candidato a un premio de narrativa evolutiva, como un rap, aunque más airado y menos rítmico. Pura fantasía.

No han faltado sobresaltos de origen y calado diverso a lo largo de la semana. Me declaro rendido ante la locuacidad y capacidad creativa del ministro Ábalos, que debiera ser candidato a un premio de narrativa evolutiva, como un rap, aunque más airado y menos rítmico. Pura fantasía.

Igual de airados y soberbios -y sin ritmo alguno- desde las vicepresidentas Montero y Ribera, a González Laya y Marlaska, displicentes en sus respuestas y con el mantra del servicio a España y el sigilo diplomático. Los ministros podemitas en sordina. Huele a retrete por desinfectar.

Y así y todo, el jueves ha sido de jueves. De ida y vuelta, convulso, patético, de Guinness. Como un reality show en directo, de alto voltaje en amarillo. La secuencia vino a ser: 1) Torra avisa: autodeterminación y amnistía (bonachón); 2) Calvo replica en condicional y reivindica esa perorata que usan para no mentar la Constitución (airada); 3) Torra torra que torra (puntito subido de tono); 4) Comunicado oficial de Moncloa, descafeinao y ad calendas grecas (me planto); 5) Independentistas voz en grito: el PSOE no tiene palabra (¿incautos? pero cabreados); 6) Rufián –recién llegado de un inexistente País Valencià- “si no hay mesa no hay legislatura” se presenta en Moncloa (firme); 7) Sonríe Sánchez (¡sonríe!); 8) Nuevo comunicado oficial de Moncloa: no et preocupes (rendido y desarmado). Se cierra, momentáneamente, el telón. División de opiniones, ya saben, como en el conocido chiste de la corrida de toros.

Hasta el socialista Fernández Vara lo ha dicho sin ambages. Apañao va con la ministra de Trabajo.

Más dolor me producen las manifestaciones de agricultores, primero en Extremadura, luego en Jaén -aceituneros altivos de Miguel Hernández y Paco Ibáñez- protestando con razón contra los bajísimos precios y, lo que es tan real como paradójico, por la subida del salario mínimo. O por sus efectos, que es lo mismo. Protestando con razón pero sin formas, hasta hacer intervenir a las fuerzas del orden; por cierto con menos melindres de los que se gastan en la Diagonal o en la frontera con Francia. Hasta el socialista Fernández Vara lo ha dicho sin ambages. Apañao va con la ministra de Trabajo.

El señor “si no hay dinero no hay ropa”, que me contaba mi abuelo de un sastre chino que cobraba por adelantado. Es decir, el señor Rufián, se paseó por la Comunidad que él llama País de entre els Països Catalans, predicando secesionismo y ensalzando delincuentes, entre cerveza y cerveza, y en espacios culturales cedidos por municipios gobernados por Compromís. Arropado y aplaudido por sus socios, aunque en realidad cuatro gatos.

El flamante “banco de tierras” de Ribó, que como las dunas para El Saler, no superan el rasero de la ocurrencia bienintencionada.

Éxito similar ha corrido el flamante “banco de tierras” de Ribó, que como las dunas para El Saler, no superan el rasero de la ocurrencia bienintencionada. Mientras, eso sí, sacude la pasta a sus conmilitones sin rubor y esconde las chapuzas contables de sus ediles.

Olvidada Bolivia, el Embajador de Guaidó en Madrid espera respuesta del Gobierno español sobre el affaire vicepresidenta venezolana corrupta y torturadora, y PP y Vox admisión de sus comisiones de investigación y sus querellas por prevaricación. ¿Sentados?

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