27 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez debe explicar en el Congreso si ha metido a España junto al chavismo

El bochornoso episodio de Ábalos remata una inquietante deriva del PSOE, ya intervenido por el separatismo y por Podemos, hacia los peores regímenes latinoamericanos.

 

 

A las insoportables dependencias del soberanismo y del populismo local, el Gobierno de Pedro Sánchez le ha añadido otra igual de inquietante, al parecer: la derivada, por razones extrañas y no explicadas, de regímenes represores y caciquiles como el de Nicolás Maduro en Venezuela o Evo Morales, hasta su fuga, en Bolivia.

Si en el caso de ERC y Podemos su intervención en el Gobierno está muy clara y obedece a unos objetivos conocidos, en el del populismo latinoamericano es más fácil conocer los efectos que las causas, los intereses o las obligaciones inducidas por razones por completo ignotas pero a buen seguro inquietantes.

 

De momento, asistimos espeluznados al desprecio de Moncloa a Juan Guaidó, reconocido por toda Europa -España incluida- como presidente legítimo de Venezuela. Y, a la vez, aflora un chusco encuentro clandestino del número 2 del PSOE, José Luis Ábalos, con la vicepresidenta venezolana en suelo español, pese a tenerlo prohibido.

A cada explicación del afectado, más bochornosa por momentos, más crece la sensación de agenda oculta o complicidad con un régimen represor, incompatible con el criterio de la Unión Europea, dañino para los derechos humanos y antidemocrático.

 

 

Que Ábalos siga siendo ministro a estas alturas, tras revelar ahora que el encuentro fue inducido por Marlaska, es inaceptable: tanto él como el titular del Interior, si no desmiente a su colega, deben dimitir de inmediato y dar antes cumplida cuenta de lo que trataron con la siniestra enviada de Caracas.

Pero hay más, y todo en su conjunto convierte las relaciones del Ejecutivo en un enigma peligroso: desde el silencio de Sánchez hasta el apoyo declarado de Zapatero a ese régimen, pasando por el insólito episodio en la embajada mejicana en Bolivia; todo apunta a una lamentable redefinición de la posición española en un asunto internacional clave.

Hay que explicarlo en el Congreso

Y la advertencia de los Estados Unidos, recordándole además a España que en esto su alianza con Europa es sólida,  remata un desafortunado paisaje que exige una explicación, quizá hasta en un pleno monográfico en el Congreso, por parte del presidente.

En las relaciones internacionales, tan importante es ser como parecer. Y desde que el PSOE se vinculó a Podemos, los lazos con el chavismo que este partido siempre ha tenido parecen haberse contagiado al conjunto del Ejecutivo: por lo que hace, por lo que no hace, por lo que dice y por lo que no dice.

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