30 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El Gobierno pudo evitar una tragedia así en España pero terminó aumentándola

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Si el virus ya estaba en febrero y el Gobierno tenía desde enero las advertencias internacionales, las decisiones que tomó y las que ignoró explican la virulencia única que sufrimos.

 

 

El portavoz del Gobierno en la crisis sanitaria, Fernando Simón, "confesó"este jueves que el coronavirus ya estaba en España y que, lejos de existir un paciente cero, hubo incluso quince vías de entrada. Pero lo hizo como si fuera una sorpresa, y no la constatación final de la infinita irresponsabilidad con que en España se ha gestionado la pandemia, provocando unos estragos sin parangón en el mundo.

De entrada, no debería seguir siendo Simón quien hiciera el parte médico del día. Fue él, personalmente, quien más utilizó su autoridad médica para, pese a tener información oficial internacional, minimizar los riesgos, anunciar que en España solo habría "casos aislados", rechazar el uso de mascarillas e incluso aconsejar la participación en eventos masivos.

¿Cómo alguien que aumentó de una manera tan nítida los riesgos puede seguir representando a un Gobierno, enumerando las insoportables víctimas mortales y dictando las pautas a seguir tan su estrepitoso fracaso previo? Por elemental respeto a los fallecidos, Fernando Simón debería retirarse de la escena con urgencia.

 

Las que deberían ser sus últimas palabras, más destinadas a maquillar al Gobierno que a informar imparcialmente a la ciudadanía, tienen un valor inmenso para determinar las razones de que el COVID-19 tengan en España una mortandad veinte veces superior a la media mundial, cuarenta a la de Grecia o seis a la de Portugal, por citar dos países cercanos con un presupuesto sanitario muy inferior al nuestro.

 

 

Porque si se reconoce que el virus ya campaba a sus anchas por España en febrero, la evidencia documental de que el Gobierno desatendió desde enero los hasta 40 avisos expresos de la OMS, la OMC y la propia Unión Europea alcanza una dimensión especialmente grave: permitió e incentivó decenas de eventos con público, mantuvo vuelos a Italia hasta el 10 e marzo e, incluso, desechó expresamente la adquisición de material sanitario indispensable.

Ya era indecente sostener que la epidemia era imprevisible, pero ahora además es insostenible: las decisiones que adoptó o ignoró este Gobierno han sido decisivas en la magnitud de esta tragedia sanitaria que ha generado un drama económico.

Si el confinamiento vigente ha reducido el contagio; haberlo anticipado quince días nos hubiera situado junto a Corea, Grecia, Portugal y Polonia en términos de letalidad y no a la cabeza de todo el mundo, incluida Italia.

Y por mucho que el Gobierno lo quiera tapar, con la complicidad de demasiados medios de comunicación complacientes, el clamor estadístico, el peso de las pruebas y la aceptación de esa realidad en el resto del mundo hace imparable ya, y cuanto antes mejor, la exigencia de responsabilidades.

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