15 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Una denuncia por malos tratos precipitó el suicidio del fiscal de Valladolid

Juan Ignacio Hernández, una fotografía de El Norte de Castilla.

Juan Ignacio Hernández, una fotografía de El Norte de Castilla.

Juan Ignacio Hernández se tiró al río Pisuerga en la madrugada del sábado. Sus compañeros siguen en shock, aunque muchos conocían su complicada situación. No pudo tener un final peor.

Jueces, fiscales y abogados de Valladolid están aún conmocionados con la muerte de Juan Ignacio Hernández Muñoz, uno de los suyos, quien fuera fiscal de Menores de la capital castellano y leonesa. 

 

En la madrugada del sábado, Hernández decidió poner fin a su vida tirándose al río Pisuerga a su paso por la ciudad que le vio nacer. Su cadáver fue rescatado esa mañana por los Bomberos junto al puente más céntrico, el de Poniente. A lo largo de todo el día el tanatorio del Salvador fue un constante peregrinar de compañeros.

Muchos de ellos conocían la complicada situación personal y económica por la que atravesaba Hernández, de 55 años, separado y con dos hijos. Cuyo último destino profesional había sido Alicante, hasta que el pasado mes de enero pidió una excedencia voluntaria por "interés particular". 

La realidad era que el exfiscal estaba asediado por las deudas contraídas con varias empresas de crédito rápido, y para no dar más problemas al Ministerio Público decidió pedir una excedencia y borrarse un tiempo.

El detonante de su suicidio fue, según ha sabido ESdiario, una denuncia por malos tratos interpuesta por su actual pareja, una mujer de 44 natural de Alicante. El 15 de noviembre, ella se acercó a la comandancia de la Guardia Civil de una localidad alicantina y denunció a Hernández.

Éste fue detenido días después en Valladolid, adonde se había trasladado, y tuvo que declarar en los juzgados en los que él mismo había trabajado tiempo atrás. Después fue puesto en libertad con cargos. Quienes se lo cruzaron cuentan que estaba muy desmejorado, que su aspecto impactaba. 

No en vano, se trataba de un fiscal con una larga trayectoria en la lucha por la defensa de los menores que había dejado buen recuerdo en los múltiples destinos por los que había pasado: Valladolid, Palencia, Toledo, Ávila... Su final no podría haber sido peor.

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