15 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La inaceptable ausencia de Pedro Sánchez en las grandes crisis del verano

 

 

Cuando Galicia ardió en 2017, el entonces secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, acudió raudo a acusar a los Gobiernos nacional y autonómico, comandados por Rajoy y Feijóo respectivamente, y a resolver su presencia con un mensaje grabado en las hemerotecas: era una obligación "estar con la gente".

Ahora, ya de presidente, han tenido que pasar cinco días desde el pavoroso incendio de Gran Canaria para que tenga a bien dejarse ver en la zona cero, y solo lo ha hecho tras detectar el malestar de la opinión pública y ver cómo el líder de la oposición, Pablo Casado, sí acudía a la zona devastada.

Sus contradicciones

El contraste entre lo que Sánchez hace y dice según las circunstancias no es nuevo y forma parte de su adn político, definido por una adaptación constante de la realidad a sus necesidades, como si los hechos no contaran cuando no encajan en sus objetivos: respaldar el 155 y llegar a la presidencia con los independentistas; exigir apoyo al PP en la investidura tras hacerse célebre por su "no es no" o acudir o ignorar incendios similares son algunos ejemplos de esa lamentable actitud.

Sánchez hace y dice lo uno y lo contrario en función de su interés: el incendio de Canarias es el último ejemplo de ello

Que este verano ha sido especialmente intensa y artera: comenzó con su fracaso en la investidura y el solemne anuncio de que el Gobierno no se tomaría vacaciones para enmendar la situación de bloqueo y va a terminar con todo el Ejecutivo de asueto y una pasmosa inacción en crisis tan graves como la del fuego, el Open Arms o la alarma por listeria en media España.

Su demagogia previa

Ni toda la propaganda que genera Sánchez, con una complicidad casi unánime en los medios televisivos, esconde la evidencia de que el presidente en funciones faltó a la verdad a los españoles al anunciar que este año no tendría descanso y de que no ha comparecido en la práctica totalidad de agosto en ninguno de los terribles episodios que España ha vivido.

Esos mismos, o parecidos, a los que en el pasado él recurría para presumir de su proximidad y hacer demagogia contra el Gobierno: que el mismo líder que cargó en el PP el fuego en Galicia haya mirado para otro lado en Canarias le define a la perfección. Y que ese contraste apenas sea consignado por nadie, define también el grato contexto de permisividad en el que opera.

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