24 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Antonio R. Naranjo

    El Gran Carnaval

    Como en la película de Billy Wilder, la política española es un carnaval solemne, cómico y trágico a partes iguales. Y así es esta bitácora de un analista perplejo que cada día lo observa todo en ESdiario y Herrera en Cope.

Pedro Sánchez, el político de las 23 personalidades luchando en su interior

Sánchez tiene una virtud que, en otros ámbitos, se consideraría un trastorno: la personalidad múltiple, capaz de hacer lo uno y lo contrario en cinco minutos. Por eso, una vez más ganará.

Mientras Pedro Sánchez se pone a discutir el Gobierno de España con Greenpeace por lo ecológico, Compromís por lo territorial o el Bombero Torero por lo animalista, que para el caso es lo mismo, avanza agosto con la sensación de que el culebrón iniciado en 2015 con la derrota del líder socialista y su sorprendente intento de investidura de la mano de Cs; alcanzará puerto en septiembre de 2019 con algún truco de magia postrero que evite el naufragio.

A Sánchez no se le puede reprochar no haber sido un inventor de tretas fenómeno, un saltimbanqui de acuerdos de última hora contradictorios con el anterior, incompatibles con el siguiente y lesivos con su propia palabra; un prestidigitador de bolitas escondidas en uno de los tres vasos que el público nunca acierta, perdiendo con gusto unas monedas ante semejante artista.

"Amigo chavista, amigo facha"

Pedro es capaz de llamar chavista a Iglesias un segundo antes de ofrecerle una vicepresidencia, de tildar de ultraderecha a Cs y de pedirle su apoyo; de reclamar una salida al bloque de constitucionales mientras se entrega a Bildu en Navarra y, en general, de provocar ese tipo de vergüenza ajena que George Bernard Shaw cargaba en los tipos con no demasiadas luces que dicen siempre, para justificarse, que están cumpliendo con su deber.

 

Son cuatro años ya de sanchismo, ese sistema peculiar de hacer política consistente en validar lo peor para lograr el objetivo propio que ensancha los límites de las amenazas institucionales ya vigentes y las supera a todas: si hasta ahora el reto era cómo superar la doble lacra del populismo y el independentismo, ahora es cómo sobrevivir al pedrismo y su insoportable tendencia a aceptar o cometer todas las tropelías con el simple truco de cambiarlas de nombre, de echar medio bote de colonia al cenagal a ver si así canta menos el pestuzo.

Son cuatro años ya de sanchismo, ese sistema peculiar de hacer política consistente en validar lo peor para lograr el objetivo propio que ensancha los límites de las amenazas institucionales ya vigentes y las supera a todas

Ahora sabemos que no quiere gobernar con los mismos que hace 15 días pudieron alcanzar una vicepresidencia y tres ministerios; mañana descubriremos que lo hará igualmente con el mismo a quien echó a patadas del centro para incluirle en el cordón sanitario contra Vox y pasado descubriremos que se aliaría sin más problemas con Pablo Casado, el Estrangulador de Boston o la momia de Lenin diciendo que el primero es un socialdemócrata, el segundo un fisioterapeuta y el tercero un hombre discreto.

 

Sánchez es el Kevin de "Múltiple", la película de Shyamalan que narra la vida de un tipo con 23 personalidades distintas, mutantes y adaptables a cada entorno que, al parecer, se convierte en virtud en política aunque en todos los demás ámbitos se considere un trastorno.

¿Por qué no le hace una oferta a Cs?

Si alguna de ellas incluye algunas virtudes elementales del hombre de Estado ahora desconocido, el show culminará de una manera algo más razonable que ahora mismo ni se divisa: con una coalición seria con Ciudadanos, la mejor salida pese a los antecedentes y el merecido rechazo de Rivera, o con otra con Podemos, ERC, Bildu y lo mejor de cada casa.

Lo que hay que preguntarse es por qué, siendo tan fácil ofrecer un acuerdo de programa, legislatura y Gobierno a Ciudadanos, Sánchez no lo hace. Seguramente la respuesta más sencilla sea la más probable, como decía Guillermo de Ockham, y el líder del PSOE piense de verdad que Rivera es un facha, Casado un ultra, Iglesias un perroflauta, Junqueras un xenófobo y Otegi un etarra. Cualquiera de ellos le vale, pues: en el fondo, alguien así sabe que él mismo es el peor de todos.

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