08 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El análisis falso de la izquierda sobre la crisis del PP vasco oculta algo peor

Alfonso Alonso y Carlos Iturgaiz.

Alfonso Alonso y Carlos Iturgaiz.

La conclusión a la que han llegado deja claro que lo que la corriente mayoritaria de nuestra izquierda no acaba de atisbar no solo es fundamental sino que nos lleva a un callejón sin salida.

Este jueves, David Jiménez Torres analiza en El Mundo el "análisis tan defectuoso como sintomático" que hace "nuestra izquierda sobre la crisis del PP vasco y la sustitución de Alfonso Alonso por Carlos Iturgaiz": "Vuelve el PP de Aznar".

A juicio, del periodista, la sustitución de Alonso está directamente vinculada a las negociaciones de una coalición entre PP y Ciudadanos que trasciende el escenario vasco: "esa alianza sería imposible si parte del electorado no aceptara que, tras el procés, es más importante lo que une a los constitucionalistas que lo que los separa en política económica o en cuestiones como la eutanasia".

En cualquier caso, concluye, "lo que es seguro es que el affaire Alonso se enmarca mucho mejor en la España post-2017 que en la pre-2004". 

Y es precisamente, considera, "ese país alumbrado por la declaración de independencia de Puigdemont y Junqueras lo que la corriente mayoritaria de nuestra izquierda no acaba de atisbar".

Por eso, sentencia, "no es casualidad que el análisis equivocado sobre la destitución de Alonso coincida con el inicio de la mesa de negociación entre el Gobierno nacional y el autonómico catalán. Esta mesa viene envuelta en todos los argumentos que condujeron al procés y deberían haber perecido con él".

A saber, por ejemplo, "creer que dialogar es otorgar beneficios a gobiernos regionales a cambio de que respeten la ley; dar por hecho que el modelo autonómico solo puede evolucionar en la dirección de un vaciamiento del Estado nacional; otorgar a los nacionalistas un papel privilegiado en la interlocución sobre sus territorios; estigmatizar a quienes denuncian el marco nacionalista; y asumir que las reivindicaciones de dos élites regionales están legitimadas por sentimientos que brotan espontáneamente y que no se pueden disputar desde la razón".

En conclusión: "Si hablamos de retornos quizá deberíamos señalar el del PSOE de Montilla; ese que legitimó la deriva ilegal del independentismo cuando proclamó que "ningún tribunal puede juzgar nuestros sentimientos".

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