25 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez y su ego pierden el pulso contra un diputado del PSOE que se rebeló

El diputado socialista Juan Luis Gordo, secretario segundo del Congreso.

El diputado socialista Juan Luis Gordo, secretario segundo del Congreso.

Lastra y Ábalos, los ejecutores del secretario general, han arrojado la toalla tras mover Roma con Santiago para culminar una venganza personal de su líder. Pero han fracasado.

Ha sido una batalla larvada, cruenta, en el subsuelo del Grupo Parlamentario Socialista, en fase de adaptación al nuevo PSOE de Pedro Sánchez, más aún cuando la inmensa mayoría de sus miembros sigue militando en el susanismo, pese a la retirada provisional de Susana Díaz a sus cuarteles de Andalucía.

Como informó en su día ESdiario, tras el año de mandato de la Gestora y con Antonio Hernando al frente de sus diputados, los pedristas habían sido relegados y desplazados de sus cargos y las relaciones entre ambos sectores eran en muchos casos inexistentes. Muchos de los afines a la presidenta andaluza fueron, en público y mucho más en privado, extraordinariamente críticos con Sánchez y con sus quince parlamentarios leales. Y ha llegado la hora de la venganza.

Lastra y Ábalos han llegado a utilizar todas las vías, hasta las menos ortodoxas, para descabalgar a su compañero Gordo de la Mesa del Congreso.

Salvo Hernando, premiado con la Portavocía de la Comisión de Seguridad Nacional, los más destacados susanistas han sido defenestrados en los últimos quince días. Dos casos han sido paradigmáticos, los de los diputados Antonio Trevín y Ricardo Cortés. Trevín -que tuvo en su día un comentado incidente a gritos con Margarita Robles- fue fulminado como portavoz de Interior.

Pero aún más. Fue relevado como portavoz en la Comisión de Investigación sobre la etapa de Jorge Fernández Díaz cuatro días antes de que esta finalizara sus trabajos. Cortés, por su parte, fue fulminado como portavoz de Defensa, relevado por Zaida Cantera. ¿El motivo? El diputado fue miembro de la Gestora que presidió Javier Fernández.

Sin embargo, de forma paralela a la esperada reorganización del Grupo Parlamentario tras la llegada de Margarita Robles a lo más alto del mismo, en las últimas dos semanas, Sánchez ordenó una maniobra para culminar una venganza rayana en lo personal. El objetivo: el diputado del PSOE por Segovia, Juan Luis Gordo, a la sazón secretario segundo de la Mesa del Congreso.

¿La razón? Haber suscrito en los últimos meses algunas de las críticas más feroces que se han escuchado contra Sánchez. Y haber cambiado de bando apenas unos días antes del convulso Comité Federal que defenestró al líder. Fue leal a él hasta que se pasó con armas y bagajes al lado de los barones.

En los últimos días, Ferraz ha utilizado todos los métodos, los diplomáticos y otros más incalificables, para descabalgar a Gordo del órgano que rige el Congreso de los Diputados. Cabe recordar que en la Mesa hay otra representante socialista, Micaela Navarro, su vicepresidenta segunda.

Navarro es considerada en un sector del pedrismo una "traidora". Sánchez la eligió en 2014 para presidir el PSOE pero ella fue una de las 17 dimisionarias que provocaron a la postre su caída. Sin embargo, Ferraz no ha querido abrir una guerra en ese caso ya que Navarro es una persona más que respetada en el partido.

Con Gordo el caso es distinto. Le exigieron -en algunas ocasiones con malos modos- que abandonara su cargo. Él se negó y apeló a que el suyo es un puesto institucional y no orgánico. Sánchez redobló entonces esfuerzos por expulsarle, pero chocó con el Reglamento de la Cámara. Gordo ha resistido todos los envites, algunos de ellos -según ha sabido ESdiario- rozando el acoso.

Y como venganza, la dirección del Grupo le ha expulsado de la Diputación Permanente, el órgano que rige el Congreso en periodo de vacaciones parlamentarias. Y ha roto una tradición: los miembros socialista de la Mesa siempre estuvieron asiento en la Diputación.

En los últimos días, la mayoría de los diputados del PSOE no ha ocultado su satisfacción e incluso regocijo por el fracaso de lo que muchos han llamado "una cacería". Como a "purga" se refieren tras el despido de nueve asistentes, entre ellos el responsable de prensa de los 20 diputados andaluces, José Gallego, y del propio director de Comunicación del partido en el Congreso, Rodolfo Irago.

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