05 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez usa la sentencia de "La PSOE" para acabar con Susana y salvarse él

Pedro Sánchez, víctima de su hipócrita discurso sobre la corrupción.

Pedro Sánchez, víctima de su hipócrita discurso sobre la corrupción.

Ferraz se lava las manos y no se da por aludido tras la demoledora sentencia de los ERE en Andalucía. Y el líder socialista, que ahora calla, suma el apoyo cómplice de Pablo Iglesias.

Enmudeció el 1 de junio de 2018 y ha guardado silencio este martes. La pregunta, que lanzaron al aire tanto Mariano Rajoy como Albert Rivera, era bien clara. "¿Va a dimitir cuándo se conozca la sentencia de los ERE?", le espetó a la cara el entonces presidente del Gobierno. Ni obtuvo respuesta él entonces,  ni los españoles la han obtenido ahora, cuando la sentencia ha explotado en el mismo epicentro del palacio de La Moncloa.

La resolución judicial de la Audiencia Provincial de Sevilla no deja espacio para disculpas ni ambigüedades. A lo largo de 1.800 folios, el tribunal certifica un modus operandi continuado en el tiempo, fraudulento, y perfectamente conocido por Manuel Chaves y José Antonio Griñán. "Patente y palmario" era su conocimiento de esas "ilegalidades". Negro sobre blanco en la sentencia.

La decisión judicial ha noqueado a Sánchez. Sacude los mismos cimientos de la moción de censura con la que el líder del PSOE se encaramó a La Moncloa. Y es novedosa: es la primera vez en democracia que no uno, sino dos presidentes de uno de los dos grandes partidos, es condenado por corrupción.

Pero Sánchez ha optado este martes por no dar la cara y lavarse las manos, en una actitud que según fuentes socialistas ha indignado a un sector del PSOE-A y de la vieja guardia del partido. Un exministro como José Bono ha salido incluso a seguir poniendo "la mano en el fuego" por ambos.

Sin embargo, el secretario general ha enviado a los medios a José Luis Ábalos para desentenderse del futuro de dos dirigentes que siguen siendo un referente para los más veteranos y para desmarcarse de la gestión de tres décadas del socialismo andaluz.

 

 

Manuel Chaves, en una elocuente imagen de este martes, al entrar al Juzgado para conocer la sentencia.

 

Sánchez e Iván Redondo han improvisado una estrategia clara tras el retraso de una sentencia que se ha conocido una semana después de las elecciones: un cortafuegos en Ferraz para que el varapalo judicial no erosione el preacuerdo con Podemos y las negociaciones pendientes con Esquerra y el PNV. También en esto ha contado con la complicidad de Pablo Iglesias.

Y, más aún, en el PSOE andaluz se temen una jugada añadida en el corto plazo, que Sánchez aproveche la condena a Griñán y Chaves para saldar su cuenta definitiva con Susana Díaz. "Se tiene que ir", han comenzado a insinuar algunos destacados dirigentes del entorno de Sánchez. El cortafuegos está hecho. Para Ábalos, los corruptos del PSOE son buenos, a diferencia de los del PP.

Y, como en tantas otras ocasiones, el líder socialista se ha apuntado al "donde dije digo, digo diego". En esta ocasión, ni eso. No ha dado la cara por una condena que sustancia algo tan grave como que más de 680 millones de euros destinados a los parados andaluces se hayan ido por el sumidero de una red clientelar cobijada en el mismo PSOE que Sánchez presentó hace un año como símbolo de la regeneración de España.

 

 

 

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