13 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Saúl Ortiz

    El Coso Rosa

    Repaso con agilidad torera los embistes de diestro y siniestro sin que me tiemble el estoque, con el que me enfrento a los morlacos bravos y a los mansos. Me gustan las tardes de gloria, aunque a veces la vuelta al ruedo sea, más bien, una desvergüenza. Entraré siempre a matar aunque antes me deba persignar.

Adiós, gracias y buena suerte

Hoy digo adiós tras más de tres años de trabajo

Hoy digo adiós tras más de tres años de trabajo

Digo adiós tras más de tres años trabajando en una casa que ha sido la mía. Es el momento de surcar otros mares y descubrir nuevos puertos...

No me gustan las despedidas. Tampoco las alharacas sonrojantes, el autobombo ni aquellos escritos sensiblones, nostálgicos y repletos de tópicos que rozan lo nauseabundo. Pero es el momento de escribir mis últimas líneas en ESDiario. Es una despedida, sí, pero intento dibujarla como si más bien fuera uno de los tres puntos suspensivos que siguen a una frase inacabada.

Han sido tres años de grandes satisfacciones, de un apasionante viaje -a veces angosto y curvo- que me ha aportado paisajes inolvidables, momentos para el recuerdo y una sensación de plenitud profesional inexplicable. He vivido y he contado aquí, episodios históricos en el mundo del corazón que me han permitido compartir con vosotros, los lectores, opiniones e informaciones que os han conmovido y que también os han enfadado. En definitiva, que os han hecho sentir.

Tres intensos años que empezaron con Rosa Benito ingresada en un hospital psiquiátrico y que, ironías del destino, acaban con José Fernando al borde del colapso en un centro de similares características. Me voy con la satisfacción de dejar ESChismógrafo con unas estadísticas desbordantes y con ESDiario tocando el cielo con más de 200.000 usuarios únicos diarios. Pero me voy. Y dejo en buenas manos un proyecto que Antonio Martín Beamount cosió a mi medida y que seguirá sumando a un mundo informativamente colapsado.

Es a él, a mi director general, a quien debo dar las gracias. No solo por depositar en mí la confianza suficiente para permitirme el lujo de dirigir un periódico como este, sino por la generosidad, la templanza y el cariño que demostró cuando, mirándole a los ojos, le anuncié que partía a otro puerto. Gracias también a Isabel de Dios, la mujer de la sonrisa eterna, por soportar la tensión con estoicidad y a Ana Isabel Martín por remar siempre en la misma dirección.

No puedo dejar de escribir sin antes mencionar a todos los medios que han recogido mis informaciones, a los compañeros que han respetado la autoría de nuestras exclusivas y, por supuesto, a todos aquellos que me han elegido, día tras día, para informarse y debatir. Gracias y buena suerte. ¡Nos leemos muy pronto!

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