¿Por qué estuve en la ‘cena de los valientes’?

El autor sostiene que la cena del pasado viernes es la clara "señal de que la militancia del PP está viva y que cuando se lo propone es capaz de sumar y aglutinar".

Hay quien dice que el PP es un partido presidencialista, con cadena de mando vertical, disciplinado, domesticado y donde no hay movimientos si no se impulsan desde arriba. Todo ello le ha servido a la izquierda política y a su maquinaria propagandística para enarbolar la manida bandera de ‘superioridad moral’ en su funcionamiento interno y tratar de empequeñecer al principal partido del centro-derecha en España. El pasado viernes cerca de 150 militantes de la Comunidad Valenciana decidieron celebrar un encuentro sin más fin que hacer una reflexión sobre la situación del PP en la Comunidad Valenciana y ver de qué manera el partido puede volver a recuperar la confianza de la mayoría ciudadana.

El encuentro del pasado viernes ya se le conoce como la “cena de los valientes” porque allí estuvimos todos aquellos que queremos y podemos contribuir a sacar al PP valenciano de la irrelevancia a la que le ha conducido una forma de dirigir caracterizada más por su propia supervivencia política que en ofrecer un proyecto ilusionante a la ciudadanía. En el encuentro del viernes se entremezcló la experiencia de quienes supieron conquistar más de una decena de mayorías absolutas entre elecciones locales y autonómicas en una veintena de años con la esperanza de individuos que han llegado al partido a coger el pico y la pala para renovarlo y reconstruir el discurso con ideas muy claras y mensajes atractivos.

Resulta llamativo que fuéramos tildados de críticos precisamente aquellos que defendemos un movimiento integrador que recupere a quienes abandonaron, a quienes quisieron abandonar y a quienes aguantaron

Un partido ganador se hace dinamizando a la militancia y no anestesiándola. Un partido ganador se hace saliendo a conquistar los partidos, no a esperar la victoria por medio del error del contrario. Un partido ganador se hace con los mejores, no con liderazgos incoloros, inodoros e insípidos. Un partido ganador se hace reconociendo la huella que han dejado tus predecesores y el legado que han dejado en la sociedad. Si no somos capaz de reconocer lo que heredamos, difícilmente estaremos dispuestos a pleitear por lo que nos han legado nuestros predecesores. Y si no pleiteamos nosotros, lo hará el olvido.

La cena del pasado viernes fue la más clara señal que la militancia del PP está viva y que cuando se lo propone es capaz de sumar y aglutinar. Resulta llamativo que fuéramos tildados de críticos precisamente aquellos que defendemos un movimiento integrador que recupere a quienes abandonaron, a quienes quisieron abandonar y a quienes aguantaron. La izquierda política se cuelga siempre la medalla de la democracia cuando su militancia habla, mientras que cuando lo hace la del PP como ocurrió el pasado viernes, entre el fuego amigo y el del adversario político, se persigue demonizar lo que ojalá fuera la tendencia habitual.

Fue un encuentro de militantes activos, con vocación de servicio público, que no permanecen mudos por pura conveniencia personal.

La ‘cena de los valientes’ fue el encuentro de militantes activos, con vocación de servicio público, que no permanecen mudos por pura conveniencia personal. Los allí congregados rehuimos del pensamiento único, del adocenamiento y de la falta de ideas. Antes, al contrario, pretendemos aglutinar a todos y cada uno de los que pueden aportar algo. Esa es la moraleja de la “cena de los valientes”.

Jorge Mestre es profesor universitario de Relaciones Internacionales

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