El espíritu de Luis Aragonés, la venta del cupón, los impuestos depuestos del PP

Crónica del mitin de presentación de medidas económicas de Isabel Bonig.

Se juntaban en un acto los dos Bonis autonómicos del PP: Isabel Bonig y Juan Manuel Moreno Bonilla. Envolviéndolos, llevado por el viento de La Patacona, el espíritu de Luis Aragonés, el primer entrenador que “made great Spain again”. Los dos líderes regionales parafrasearon fielmente al sabio de Hortaleza con su legendario “ganar, ganar y ganar”. Los dos acabaron sus discursos ante decenas de convencidos -que ahora tienen que convencer al resto- con ese verbo euforizante por triplicado, que es más euforizante todavía que si no lo triplicas.

Moreno Bonilla lo explicó antes: “la gente en Andalucía me decía que no perdiera el tiempo”. Y ahora es presidente en una comunidad infiltrada cuarenta años por el socialismo. Bonig se explayaba después: en la Comunidad Valenciana, tras la derrota de 2015, “nadie nos abría la puerta”. “Duelo” y perdón mediante, “ahora sí nos la abren”. “Sólo pueden los que creen que pueden”, animaba el presidente andaluz en tierra de horchata. Y podemos porque “vamos a ganar, ganar y ganar”, remarcó cada uno de ellos para culmen de sus respectivos discursos.

Pero, además de a arengar a la tropa, Bonig iba a Alboraya a hacer otra cosa: prometer una “revolución fiscal sin precedentes”. Que, al contrario de lo que anunció esta semana Pedro Sánchez con carácter general para España, consistirá aquí en una bajada de impuestos “porque es la mejor política social”. Es sabido que el presidente del Gobierno en cambio piensa que para hacer viernes sociales hay que aumentar los impuestos. A los ricos, por supuesto.

Así que la líder del PPCV, proclamando que “la izquierda vive de la riqueza que crean otros”, disparaba con la eliminación del impuesto de sucesiones y donaciones, la supresión del de patrimonio, y la reducción de los tipos del impuesto de transmisiones patrimoniales que ahora está en el 10% y que pasaría a ser del 6% en las viviendas de menos de 200.000 euros. Súmenle a eso (o réstense ustedes) la rebaja general del tramo autonómico del impuesto sobre la renta para que los que no lleguen a los 35.000 al año paguen un 7% menos.

A menos de un mes del 28-A, Bonig destapaba así el tarro de sus esencias, con medidas económicas lanzadas al viento de la suerte electoral, ésa que a Aragónes y a Moreno Bonilla sonrió en sus momentos. En La Ferradura (¿qué da más suerte que una herradura?), con un vendedor de la ONCE en la puerta esperando hacer el día entre tanta rebaja, entre un mar gris sin bañistas y un mar de banderas españolas y valencianas sin logo que la gente se llevaba a casa a pares (servidor también se hizo con una, por si me vio alguien).

A los postres (es un decir) todo el mundo se hacía fotos con todo el mundo, que eso parecía una boda, con María José Catalá animada por uno aún más joven que ella a bailar el tan de moda “swish-swish”. Ánimo, alcaldablesa, que más difícil es lo de la anfitriona local, sin duda avisada del sentido de las ideas-fuerza de los Bonis, que llegó a pronosticar que el PP iba a gobernar “en todos los ayuntamientos”.

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