15 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La indignante pantomima de Pedro Sánchez para entregarse al final a ERC

Es un engaño mayúsculo a los españoles lo que está haciendo el PSOE sin dar ninguna explicación en dos semanas. Y presagia lo peor para el país.

 

 

Ni toda la cobertura mediática que tiene Pedro Sánchez puede maquillar la evidencia sangrante de que está a punto de poner fecha para su investidura gracias a un partido cuyo líder, Oriol Junqueras, está en la cárcel por alzarse ilegalmente contra la Constitución y, por tanto, contra España.

Y ese blanqueamiento pastueño y acrítico tampoco es suficiente para esconder el objetivo peligro, cuando no la locura, de entregar la estabilidad institucional de España a una formación que busca con ahínco todo lo contrario: desestabilizar y debilitar al país para, con esa degradación, tener más sencillo alcanzar sus objetivos.

No es algo discutible ni lo uno ni lo otro, y que sin embargo se haya naturalizado tan evidente despropósito lo dice todo del cambio de paradigma político obrado en la España de Sánchez, fácil de resumir en pocas palabras: ya vale todo, hasta el bochorno y el contrasentido más absolutos, con tal de alcanzar o retener el poder.

La primera reunión entre el PSOE y ERC fue, en ese sentido, una pantomima para melodramatizar el camino hacia el acuerdo e ir anestesiando a la opinión pública para que, en unos días, digiera la intolerable alianza con cierta normalidad. Intentar presentar las conversaciones entre ambos partidos como una quimera de incierto resultado es una falta de respeto, toda vez que ya alcanzaron un pacto, el de la moción de censura, que ahora repetirán pero a un precio más alto.

 

 

De entrada, los socialistas ya han aceptado de algún modo la célebre mesa de partidos y las reuniones de tú a tú con la Generlitat, legitimando peticiones que desprecian la naturaleza democrática de España: ya existen sobrados espacios donde debatir, negociar y acordar. Pero el hecho de que al separatismo no le sirvan ni el Congreso ni el Parlament denotan que lo único que les conforta es la imposición unilateral de su criterio.

 

Darle pábulo, como hace Sánchez sin dar ninguna explicación a los españoles desde hace dos semanas, es un escándalo de proporciones siderales acrecentado por la evidencia de que tenía -y tiene- otras alternativas que simplemente a desechado con infinito desprecio.

Doble intervención

El líder socialista intenta vender la idea de que, para sofocar el mayor conflicto territorial de España en décadas, la mejor fórmula es pasar a depender de quienes lo han generado. Y pretende además que parezca culpa del PP o de Ciudadanos, repitiendo la misma estrategia falaz que perpetró contra Rivera para repetir Elecciones.

Que Sánchez se sienta más cómodo con Junqueras que con Casado y le parezca mejor entender con ERC o Bildu que con el PP define al personaje y anticipa el mayúsculo problema al que se enfrenta España. Porque es imposible, sin más, que nada salga bien con un Gobierno intervenido doblemente por el populismo neocomunista de Podemos y el separatismo más agresivo de Europa.

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