27 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El bulo sobre la falta de tacto en la cárcel con los políticos catalanes

Los políticos presos, cuando estaban en Lledoners

Los políticos presos, cuando estaban en Lledoners

Se ha hecho correr la especie, coincidiendo con el juicio en el Supremo, de que a los nueve políticos catalanes procesados no les tratan bien en prisión. Ésta es la realidad.

 

 

Casi todo en el soberanismo es propaganda, o un mero delirio que transforma la realidad en una suerte de sueño lisérgico en el que a pisotear las leyes se le denomina atender "el mandato del pueblo" y a la acción ordinaria del Tribunal Supremo o del Constitucional se le tilda de "represión".

En esa misma línea hay que meter la especie que recorre últimamente los foros y altavoces nacionalistas, según la cual a los reos se les trata con desprecio en las cárceles donde aguardan cada día la celebración de sus juicios, que son Soto del Real y Alcalá-Meco: el maltrato llegaría hasta el punto de que, antes de acudir a la sala, ni les estarían dejando ducharse, lo que explicaría el desaliñado o desmejorado aspecto de alguno de ellos, caso de Jordi Sánchez o Joaquim Forn.

No como en el balneario pero bien

Pero la verdad es bien distinta, según ha indagado y constatado este Topo husmeante. No solo tienen un trato correcto, sin llegar al de Lledoners tal vez porque aquello era un balneario, sino que se puede calificar de exquisito sin cometer exceso alguno.

Es falso que no les dejen ni ducharse para ir al Supremo: cada uno tiene ducha individual en su celda

Todos ellos se pueden duchar, por supuesto, y no en una de esas salas de baño colectivo que tan alojadas están en la retina del espectador de series y películas. No no, en sus casos la ducha es individual, está alojada en cada celda y además la pueden utilizar fuera del horario convenido en los centros penitenciarios.

Dado que tienen que madrugar para acudir al Supremo cuando hay sesión, todos pueden usar las instalaciones a las 7 de la mañana, sin preocuparse por las molestias que puedan causar a otros internos, entre otras cosas porque las celdas de todos ellos son contiguas y casi pueden charlar a través de las paredes. Quede claro pues: el juicio es limpio, en todos los sentidos, como no podía ser de otra manera.

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