La final sólo fue un quimera para el Valencia

Aubameyang y Lacazette, dos enormes pesadillas

Aubameyang y Lacazette, dos enormes pesadillas

Valencia 2 - Arsenal 4. El Arsenal aplasta las ilusiones valencianistas en una noche aciaga en la que todos los defectos de los de Marcelino aflorararon.

Apelar a que los tintes épicos que siempre están presentes en cualquier hazaña puedan disimular aquello que el fútbol no alcanza a abarcar puede servir en un momento dado, pero no para esconder las carencias de un equipo de forma permanente. Tal vez sí sea suficiente para eliminar en el descuento al Krasnodar, pero nunca frente a un conjunto que cuenta con Aubameyang y Lacazette  en su vanguardia.

Pese a ello la gesta fue posible, aunque sólo fuera por espacio de siete minutos. La evidente superioridad mostrada por los "gunners" a lo largo de los plácidos 180 minutos que llevan a los de Unai Emery a la final de Bakú solo se vio alterada por un pequeño sobresalto inicial. Como ya ocurriera en el choque de ida, la intensidad de los de Marcelino fue superior a la mostrada por los londineses en los primeros 10 minutos; lo cruel es que en ambas ocasiones resultara un simple espejismo.

Así pues, Gameiro culminaba una fulgurante jugada de ataque iniciada por Neto, y en la que Rodrigo se erigía como artífice, tanto abriendo a la banda en primera instancia como encontrando al francés, para que éste en boca de gol remachara (1-0 min. 10). Instantes más tarde, el hispano-brasileño a punto estuvo de colocar al Valencia CF momentáneamente en la final con un latigazo cruzado con su zurda que salía rozando el palo. Lástima que hasta ahí llegara la efervescencia valencianista en un partido que iba a cambiar de forma abrupta.

Y lo haría por obra y gracia de una de las mejores parejas de delanteros de Europa. Sólo hubo que esperar hasta el minuto 17 para que Lacazette prolongara inteligentemente el cuero para que Aubameyang dejara en evidencia a la zaga che, alojándolo con su empeine derecho junto al palo y lejos de los dominios de Neto. El palo era grande para el Valencia; no obstante, esa misma parte del marco y en esta ocasión de manera literal, evitaba que la eliminatoria echara el cierre antes del intermedio. La fantástica jugada por banda derecha de Aubameyang, dejando atrás a cuantos contrarios le salían al paso, la remataba a la madera Lacazette cuando el 1-2 ya parecía una realidad... No obstante la sociedad ofensiva del Arsenal amenazaba con continuar sembrando el caos en la retaguardia valencianista.

Precisamente ellos dos, conscientes de que se bastaban y sobraban a la hora de liquidar la contienda, sellaron el billete para Bakú en una acción similar. Una vez más cabalgando por el flanco diestro, el gabonés ganaba con total superioridad a Gayá la pugna por el balón dividido; algo que su partener galo agradecería, como no puede ser de otro modo, en su máxima expresión. El movimiento de Lacazette girando, además de dejar en ridículo a Piccini, le dejaba ante Neto para que fusilarle y sentenciar fuera todo uno. Así pues, el Valencia ya sabía a los cinco de la reanudación que no viajaría a tierras azerbayanas.

Larga, pese a que Gameiro volvió a hacer en boca de gol un 2-2 que duraría un suspiro, se hizo el resto de la noche. Poco después, el joven Maitland-Niles profundizaba de nuevo explotando la autopista en la que se había convertido el carril derecho del ataque gunner… esta vez, por si fuera poco, con dos opciones claras de remate. Aubameyang no dudó en reclamar la suya para, anticipándose a Garay con insultante facilidad, colocar un 2-3 que ya resultaría tan claro como revelador de la manifiesta superioridad que Unai Emery y sus futbolistas habían plasmado en la eliminatoria. Para oprobio che, más sangre quiso aún hacer el astro africano Pierre- Emerick Aubameyang para certificar su hat trick en un 2-4 que, tras pared con Mkhitaryan, obligaba al público congregado en Mestalla a premiar su exhibición con una ovación que prueba su deportividad.

Ni el Valencia es, hoy por hoy, el Arsenal; ni LaLiga se puede comparar, por desgracia, con una Premier League que gobierna a su antojo Europa. Mucho trabajo queda por delante para acercarse en cualquiera de los dos casos.

 

 

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