La ciudad no es para mí. Exponer … y exponerse

No voy a insistir en la muestra del alcoyano Miró en la Marina. He leído críticas mucho más autorizadas y he recibido “cariñosos” comentarios de colegas y amigos incidiendo en la exigua calidad de lo expuesto. Algún medio ha publicado que el presupuesto de la fiesta supera los cien mil pavos. Una pasta más que gansa (o simplemente gansa esta vez).

Alguien me ha hecho ver que es una quinta parte de lo destinado por Marzá –ay Marzá- al “jardín de las esculturas” del IVAM -que mucho me temo por lo leído- que ni va a ser jardín ni de esculturas. Esperaremos pacientemente (de este asunto ya se habló cuando la polémica sobre la Sala Miquel Navarro hace más de cuatro años).

La que sí va a lucir con todo su esplendor es esa fina composición de Alfaro –círculo y cuadrado- que representa un nuevo éxito de la Fundación Bancaixa y de Rafa Alcón, sumándose a las más conocidas que ya forman parte del llamado “paisaje urbano” de Valencia.

Es que es lo que tiene la gramática. Un reflexivo en este caso. Que no es lo mismo exponer que exponerse. Como tampoco es igual predicar que dar trigo.

Y hay que ver como se ha hinchado la nómina de predicadores en este país mientras el trigo comienza a escasear de nuevo.

Andan revueltos los tripartitos valencianos. El más concreto, el del cap i casal, con Ribó a la cabeza de los alcaldes bien pagaos (a Carmena le da la risa boba sin embargo) y los de Podemos arremetiendo contra los socialistas a costa de la vivienda social cuando la legislatura se agota sin haber dado un palo al agua. El más ambiguo –el del Botanic, siempre mediado- con Oltra “embravecida” apostando por más madera para À Punt y Estañ pensando en la villa y corte. Se acercan las elecciones.

Mientras varios miles de viviendas aguardan licencia municipal reglada, un número incierto de abnegados y participativos ciudadanos anónimos, marcan tendencia urbana. Un tramo de la Alameda, algún nuevo carril bici, un parquecito por aquí o por allá. Influencers urbanos. Política gestual, humo de pajas para conformistas y entregados a la bondad de intenciones.

“A Dios insultando y sin el mazo dando” que diría la diputada de Compromís Marta Sorlí, SORLIdaria con el animal de Willy Toledo, de la que no se ha conocido iniciativa más relevante.

Ese “mirador” absurdo que colocaron en la rotonda del Poli para que nunca funcionara se ha convertido en el símbolo de una Administración desordenada e ineficiente, incapaz de sacar adelante la mayoría de sus propias ocurrencias, exponiéndose en su constante exposición de inanidad. Y así nos va.

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