06 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El informe que puede costarle el puesto a Sánchez por su negligencia sanitaria

Pedro Sánchez, este viernes en una conferencia por plasma con sus ministros

Pedro Sánchez, este viernes en una conferencia por plasma con sus ministros

El presidente disparó el riesgo de contagios permitiendo las manifestaciones del 8-M: los expertos tenían datos ya muy graves. Pero un nuevo documento aún lo deja más claro.

Cuando arrecie la tempestad sanitaria, es posible que a Pedro Sánchez le pasen todas las facturas políticas que, hasta hoy y por el dramatismo de las cifras, le han "perdonado". Solo Pablo Casado, que ha situado al PP al lado del Gobierno por razones de Estado con mucho esfuerzo, empezó a apretar al Gobierno en la noche del jueves tras constatar que su Plan de Choque era poco más que un brindis al sol.

Pero algo puede cambiar ese guión, cuando pase la emergencia, y las últimas 24 horas han sido una retahíla de estropicios y disgustos para La Moncloa: las cifras se han disparado, Irene Montero se ha contagiado tras participar en el 8-M, la respuesta está siendo más enérgica en las Comunidades que desde el Estado y un último dato deja por los suelos al Gobierno definitivamente.

Y es que el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades (ECDC) emitió un elocuente informe el 3 de marzo advirtiendo de la improcedencia de celebrar marchas multitudinarias por el 8M que, en el caso de España, fueron alentadas y jaleadas por el propio Gobierno.

El documento, del que da cuenta El País, convierte a Sánchez y a los dos partidos de la coalición gubernamental, PSOE y Podemos, en impulsores en lugar de en frenos de un evento inadecuado al cumplir con varios de los parámetros que el organismo señala como causa de suspensión.

El diario precisa ese contexto: "Esas condiciones son que haya un aumento de casos importados de Covid-19 "y la constatación de que existe “una transmisión local limitada del virus". Dos requisitos que se cumplían ya en España y que, según esta agencia europea, debieron ir acompañados de  "medidas de distanciamiento social”, entre las que destaca en relación a este caso una sobre las demás: “Evitar actos multitudinarios innecesarios".

 

Este informe da un vuelco al discurso del Gobierno que, pese a las evidencias, movilizó a sus dos principales portavoces sanitarios, el ministro Salvador Illa y el médico Fernando Simón; a tratar de maquillar tanto el crecimiento disparado de cifras cuanto la inoportunidad de las concentraciones apelando a que no había una situación de emergencia y a que, cuando se constató que sí existía, fue "al anochecer".

Se trata de falacias desmontadas por los hechos, la documentación y otros protagonistas de la semana que ha convertido al coronavirus en el centro de todo. De un lado, se ha conocido que la Comunidad de Madrid avisó a finales de febrero de la situación y reclamó medidas al Gobierno que nunca llegaron.

Miraron para otro lado

De otro, ha trascendido que las cifras de infectados en el fin de semana del 8M ya eran muy altas, pese a lo cual se desechó respuesta preventiva alguna. Y finalmente, se ha hecho público el demoledor informe europeo, que desvela que todo fue un plan premeditado y a sabiendas: al Gobierno le importó más la fotografía del 8M que la salud de las propias feministas allí congregadas.

El contagio de Irene Montero resume ese riesgo, que la propia Europa había señalado. Tres días antes del 8M, ya había fallecidos y la estadística de enfermos se había disparado. "El brote está absolutamente controlado", llegó a afirmar Pablo Echenique pocas fechas antes de que su propia compañera, la ministra de Igualdad, engrosara la lista de pacientes.

 

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