15 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La "rendición" de Junqueras dinamita la Diada que puede dar la puntilla a Torra

Una imagen vale más que mil palabras. Esta define a la perfección el estado de ánimo del independentismo.

Una imagen vale más que mil palabras. Esta define a la perfección el estado de ánimo del independentismo.

El castillo de naipes que hace dos años idearon en su imaginario colectivo los líderes del PDeCAT y Esquerra se derrumba. El edificio tiene aluminosis y este miércoles se verán los síntomas.

A 24 horas de la Diada de Cataluña, en el laboratorio fotográfico del independentismo se fragua una imagen muy preocupante para sus intereses. Sobre todo, por el contraste de la que, ahora hace dos años, se gestaba en la Generalitat. Fue aquella una demostración de fuerza de Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, su brazo armado de la ANC y Ómnium, que anticipó el golpe de Estado que vendría tres semanas después en el referéndum ilegal del 1-O.

Dos años después, el castillo de naipes de Puigdemont se ha venido abajo y el panorama no puede ser más gráfico. La mitad de sus líderes en una celda esperando una sentencia que apunta a ser muy contundente, la otra mitad en busca y captura jugando a lo que no son -referente de nada-, una guerra civil en el soberanismo alentada por la "traición" de Esquerra al procés, un títere incapaz atrincherado en el Palau, y, por si fuera poco, Artur Mas anunciando su regreso a la primera línea de la política.

Prueba de la situación, lo ocurrido este martes en los prolegómenos. Torra ha encabezado la ofrenda floral del Govern en el Fossar de les Moreres, donde ha recibido gritos en contra, como 'traidores', y gritos a favor, como 'presidente'.

Tal vez lo que mejor define el ánimo con el que el independentismo llega a la Diada de este miércoles es la entrevista de Marta Rovira en el programa-altavoz del procés, el que conduce Mónica Terribas en Catalunya Radio. De llamamientos al cierre de filas, nada de nada, si Puigdemont y sus fieles no bajan de su nube. Eso ERC lo llama ahora, una vez que los jueces de Manuel Marchena dicten su sentencia, elecciones "autonómicas" anticipadas.

Pero Torra tiene una idea muy distinta. Avalado por el Ómnium de Jordi Cuixart -que ha cobrado vida propia regado por los millones de euros de subvenciones-. Habla de desacato, otro referéndum ilegal, una segunda DUI, una revuelta callejera al estilo Hong Kong, e, incluso, abrir las puertas de las celdas de la prisión de Lledoners antes de que hable el Tribunal Supremo.

 

No será como antes. Imagen de la multitudinaria Diada de 2017, en vísperas del referéndum ilegal del 1-O.

 

Estos son futuribles. Pero a 24 horas de la Diada sí hay hechos contrastables. ERC ha declarado la guerra a Junts y sus líderes han intentando poner en su sitio a Ómnium y la ANC.

Las inscripciones para participar en el acto central de la jornada son las más bajas de los últimos años. Los Comunes, el aliado que blanqueaba el halo de sectarismo que representa este 11-S, se ha borrado de la marcha por que no es "inclusiva".

Mientras, Junqueras sigue moviendo sus peones para preparar el escenario a unas elecciones anticipadas cuando se conozca la sentencia, unos comicios para los que según las encuestas Esquerra parte como favorita.

Y, además, a Puigdemont le crecen los enanos. Units, una escisión de la antigua Convergencia, se abre a negociar con la plataforma que lidera Manuel Valls. Y Artur Mas se ofrece para recuperar el espíritu de la vieja CIU con el ejército de los purgados del PDeCAT con su exlíder Marta Pascal a la cabeza. Y Ciudadanos sigue muy fuerte en los sondeos, con un PSC al alza.

Tal vez por eso, todos van a estar atentos a las calles de Barcelona este miércoles. No, como en 2017, para ver la fortaleza de la amenaza. Más bien, para certificar si los catalanes dan la puntilla a Quim Torra y agitan de nuevo aquel avispero.

 

 

 

 

 

 

 

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