28 de enero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Una Europa noqueada asiste paralizada al éxito de Boris Johnson y su Brexit

 

 

La abrumadora victoria de Boris Johnson en el Reino Unido certifica el Brexit de un país crucial en el proyecto europeo y pone a éste en entredicho. La imagen de los 27 aprobando a duras penas un compromiso medioambiental ¡para 2050! a la vez que uno de sus principales socios aprobaba con un apoyo escandaloso la huida de la UE lo dice todo de unos y de otros.

Porque mientras los líderes europeos se sumergían en su enésima campaña de autopromoción inane sobre valores necesarios que no saben aplicar en tiempo real; el proyecto más ilusionante que tal vez nunca hay alumbrado la humanidad se quedaba herido seriamente con la fuga de uno de sus pilares.

Nunca ha habido una idea tan clara y rotunda de crear un espacio de progreso, libertad e igualdad que tuviera en la estabilidad económica y la justicia sus dos grandes sustentos. Y pese a que la dimensión del desafío siempre fue enorme, en una Europa con nacionalidades, lenguas, culturas y confesiones distintas; la arquitectura inicial apuntaba hacia el éxito.

La salida del Reino Unido abre una inquietante puerta a que otras grandes naciones sigan algún día por ese camino

Pero ha faltado pulso político, capacidad de extender un sentimiento europeo que se detecta casi exclusivamente en el programa Erasmus y liderazgo político. Todo ello se visibiliza en la aplastante victoria del conservador Johnson con una bandera, la fuga de la UE, que es perniciosa para el Reino Unido y para el conjunto de la Unión.

Porque resta esfuerzos compartidos, levanta muros, excita al nacionalismo y proyecta procesos similares en otros países, a corto, medio o largo plazo; como excusa para tapar sus problemas internos: aunque ahora parezca increíble, la salida del Reino Unido abre una inquietante puerta a que otras grandes naciones sigan algún día por ese camino.

Que los únicos partidarios claros de seguir en la UE, los liberales, se hayan quedado en el limbo y con su líder fuera de la Cámara, lo dice todo del nulo pulso interno y europeo que ha habido para contrarrestar la demagogia europea que alentó el hoy desaparecido Nigel Farage y ha capitalizado el conservador Johnson, ahora orientado claramente hacia acuerdos con los Estados Unidos que también amenazan a Europa. Un desastre, en fin, sin paliativos y de inciertos estragos.

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