21 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La salud de Carmena no es un asunto baladí

La mala salud de Manuela Carmena es algo más que un asunto personal: su repercusión política en Madrid y con Podemos es muy relevante. Y tanto ella como Pablo Iglesias lo saben.

 

 

Solía decir uno de los más estrechos colaboradores de José María Álvarez del Manzano que la alcaldía de la capital es “el cuarto ministerio de España”. Y, apostillaba, exige “máxima preparación, dedicación total y plena energía”. Tal vez por esto, en las últimas horas se ha disparado la preocupación en el entorno de Manuela Carmena y, por extensión, en la cúpula de Podemos.

“Tan solo atraviesa una racha de mala suerte”, me comentan personas muy cercanas a la alcaldesa, tratando de quitar dramatismo al tema, “normales en una persona hiperactiva de 74 años”. Para otros dirigentes próximos a Pablo Iglesias, sin embargo, crecen las dudas sobre si Carmena está en las condiciones más adecuadas para afrontar de nuevo un reto de la dimensión que supone embarcarse en la arriesgada aventura política de intentar la reelección. Porque si gana, gobierna y agota su mandato, cumplirá los 78 en el Palacio de Cibeles.

Carmena sabe que las limitaciones de sus 74 años son cada vez mayores y sus condicionantes, a veces, insufribles

Lo cierto -me lo reconocen algunas personas que han hablado con ella en estos últimos meses- es que Carmena tuvo serias dudas antes de anunciar en septiembre pasado su disposición a revalidar el cargo. Su familia pesaba mucho en la decisión. Sus más próximos le aconsejaban cerrar definitivamente esta etapa política en primera línea. No son nada favorables a que continúe.

 

Precisamente le han insistido en el nivel de exigencia personal -física, también- que acarrea un segundo mandato: una aritmética diabólica que va a obligar a trabajosos pactos; la intensa agenda local, nacional e internacional inherente al cargo; una candidatura, la suya, partida en dos y en permanente guerra civil entre los distintos grupúsculos que han amalgamado Ahora Madrid; y unos adversarios en plenitud, con la favorita en las encuestas, Begoña Villacís (Cs), a la cabeza. Más los fichajes-estrella que todos esperan tanto de Pedro Sánchez como de Pablo Casado. Y, por si algo le faltaba a este combinado político de máxima competencia, el ascendente Vox, que anuncia también batallar por Madrid.

 

Carmena ya comenzó a “masticar” esta reflexión tras el primer “incidente” con su salud. Fue en junio de 2016, durante un viaje a Bolivia. La alcaldesa comenzó a sentirse mal en el avión de regreso a España y tuvo que ser ingresada nada más aterrizar en el Hospital Ramón y Cajal con un cuadro de deshidratación e hipotensión.

Un debate recurrente

Algunas voces se preguntaron entonces si Carmena no debía delegar en sus colaboradores algunos de estos desplazamientos intercontinentales tan duros y que le obligan a estar sentada durante interminables horas a bordo de un avión. Pero Carmena se recuperó, tras unas semanas de actividad “light”, y el debate se aparcó. Eso sí, hasta unos meses después.

 

 

El segundo incidente le llegó mientras presidía el Pleno del Ayuntamiento. Comenzó a ver borroso y se vio obligada a llamar a los servicios médicos. Todas las alarmas de dispararon en Cibeles, pero afortunadamente se descartó de inmediato que sufriera un ictus.

El percance fue endosado al “debe” de sus crónicos problemas de “hipertensión”. Y el debate entre los suyos volvió a ponerse sobre la mesa. Según han reconocido algunas fuentes, ya entonces comenzó a meditar sobre su retirada cuando concluyera este primer mandato.

El tiempo pasó. Carmena siguió con una agenda que da poco margen para la recuperación. Y con muy pocas horas de sueño. Además, al día a día, de por sí complicado, como primer edil del Ayuntamiento de la capital de España, Carmena ha sumado a lo largo de todo este tiempo traiciones, deslealtades y conspiraciones en sus propias filas. Lo que le ha ocasionado muchos disgustos y sinsabores personales y políticos.

Así las cosas, el tercer “incidente” llegó en septiembre pasado. El Samur tuvo que acudir al domicilio de la regidora. Se había caído tras tropezar con un cable. El parte médico: traumatismo craneal leve y una aparatosa brecha en la ceja izquierda. Y, naturalmente, todas las luces rojas volvieron a encenderse.

Otro susto

Ahora, una vez confirmada su candidatura, en plena fase de elaboración de la plataforma política con la que concurrirá a las urnas, y frente al motín del sector más radical de Podemos, Carmena ha vuelto a sufrir un cuarto “susto”.

Este miércoles recibió el alta médica de una infección de tobillo tras haberse sometido a una intervención quirúrgica después de otra caída en su domicilio. La “factura" de este cuarto percance: no podrá caminar en tres meses, al habérsele instalado una placa y un tornillo. Es decir, la aspirante a hacerse otra vez con el bastón de mando municipal deberá afrontar gran parte de su precampaña con serios problemas de movilidad.

De ahí la batalla que tiene montada su equipo de confianza con el partido de Iglesias: se están jugando quién sucederá a Carmena cuando anuncie su retirada

La alcaldesa ha trasladado a los suyos que su disposición como candidata es “plena”. Pero ha comenzado a introducir algunos matices reveladores de su futuro. Ha confirmado que si no revalida el cargo y no gana, se retirará. Y comienza a tomar cuerpo una hipótesis ya adelantada en La Razón: que Carmena se presente para tirar de la candidatura, y si gana gobernará hasta la mitad de su mandato y en el ecuador cederá la Alcaldía a su número dos.

De ahí la batalla que tiene montada su equipo de confianza con el partido de Pablo Iglesias: se están jugando entre bambalinas quién sucederá a Carmena cuando anuncie su retirada. Sin despreciar, claro, la escasa sintonía que la regidora de Madrid mantiene con el hombre clave del líder de Podemos en Madrid, el general José Julio Rodríguez, quien aspira a “heredar” el despacho de alcalde de Madrid.

 

La situación es endiablada para Pablo Iglesias y Manuela Carmena. El primero sabe que las “marcas" Podemos y Ahora Madrid son subsidiarias de la buena imagen de la alcaldesa entre el electorado de izquierdas, el del PSOE incluido. Y la exmagistrada es bien consciente de que solamente ella garantiza la continuidad de su apuesta para la capital. Pero también sabe que las limitaciones de sus 74 años son cada vez mayores y sus condicionantes, a veces, insufribles. Y la presión para que abandone de su familia, cómo no, también cuenta. Y mucho.

 

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