19 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Pascual Tamburri

    Ruta Norte

    Pascual Tamburri nació en Pamplona y vive Navarra. Es licenciado en Filosofía y Letras, en Ciencias Políticas y en Derecho, doctor en Historia Medieval y profesor de Instituto. Ha investigado y publicado más de dos décadas y sigue creyendo que hay futuro para España y sus campos.

75 años y un mundo separan a Ruiz Gallardón de su suegro

Los políticos de 2016 no son como los de 1941. Basta comparar la generación de Utrera Molina con la de Ruiz Gallardón. Y los hay peores.

Los políticos de 2016 no son como los de 1941. Basta comparar la generación de Utrera Molina con la de Ruiz Gallardón. Y los hay peores.

En junio de 1941 el comunismo estuvo a punto de desaparecer del mundo. Decenas de miles de españoles lucharon contra él. Recordarlos hoy es para algunos delito. No para José Utrera Molina.

En estos días electorales de dudas, errores, traiciones, cobardías, incertidumbres y miedos, exactamente hace 75 años que la voz de un ministro hablo clara en Madrid. “Camaradas: No es hora de discursos. Pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria: ¡Rusia es culpable! Culpable de nuestra guerra civil. Culpable de la Muerte de José Antonio, nuestro Fundador. Y de la muerte de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la opresión del comunismo ruso. El exterminio de Rusia es exigencia de la Historia y del porvenir de Europa”. Ramón Serrano Súñer, recogido en el Diario Arriba del 25 de junio de 1941, daba así un cauce viable a la pasión militante de muchos jóvenes españoles de su tiempo y evitó además que el fervor anticomunista hiciese depender a España de Alemania. Principios y realismo, a un tiempo.

Hoy innombrable desde la supuesta corrección política, quizá porque nadie juegue a esos niveles de política. Desde luego, don Ramón Serrano Súñer no jugaba en el mismo nivel estético ni ético de su sucesor, el ministro en funciones y malas funciones Jorge Fernández Díaz. Pero de la decadencia moral –e intelectual, y profesional- de los políticos hay más de un ejemplo.

¿La URSS de Stalin es hoy un referente, un modelo o un Paraíso perdido para alguien? Sí para todo el submundo desde Podemos al PCE y de Bildu a los okupas. No debería ser  así, y lo dice José Utrera Molina. “Yo tenía catorce años cuando me acerqué al Cuartel de Capuchinos de Málaga con la decidida intención de alistarme en las filas de la División Azul. El Brigada Espinosa, que tomaba nota, nos rechazó a mí y a un amigo con cajas destempladas por imberbes e insensatos. De eso hace ya muchísimos años. Desde entonces no he dejado de proclamar en todas las ocasiones donde me fue posible mi delirante devoción por aquel grupo de españoles sin tacha, que ofrecieron generosamente su vida por España combatiendo el comunismo. Todos eran jóvenes, apenas si habían cumplido los 20 años pero tenían el corazón henchido de patriotismo y la voluntad acorde con el coraje de los mejores soldados”.

“Tuve la ocasión de tener relación y amistad con muchos de los que partieron a Rusia, entre ellos el laureado Capitán Palacios, el Comandante Oroquieta, el inolvidable teniente Miguel Altura y así podría seguir y me faltaría la tinta para grabar sus nombres. No hubo en aquél grupo de espléndidos muchachos el menor afán de beneficio propio. Nada que no fuese ilustre movía las almas de aquellos españoles. Un afán limpio, no de aventura, sino de nobleza movía los resortes íntimos de sus jóvenes corazones. Yo los vi partir emocionado cuando se dirigían al frente. Todos con una sonrisa, todos con una canción, todos bajo una bandera… Fueron a la muerte cantando, algo incomprensible para aquellos que tienen la desfachatez, la indignidad y la desvergüenza de atacar ahora la memoria de esos españoles, la mayoría de los cuales reposan bajo las tierras de Rusia y de España”.

Quizá por su honradez y su sinceridad, Utrera a su muy avanzada edad ha merecido que desde la Argentina se pidiese en 2014 para él extradición, juicio y prisión perpetua, y no para los criminales comunistas de todo tipo y pelaje, de Cuba al KGB y de la ETA a Camboya. En el fondo, un honor.

Ya en sus memorias José Utrera Molina había dicho cosas que deberían haber hecho meditar a su yerno, antes ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. Gallardón no quitó la Memoria Histórica, y el PP pudo hacerlo, como muchas otras cosas. Lo pidió en cambio el suegro en público desde ABC. Visto en el horizonte de estos 75 años y sus lecciones, él tiene razón.

“Aquellos 45.000 españoles escribieron algunas de las gestas más gloriosas de toda la historia del ejército español y causaron la admiración y el respeto de todas las naciones. Podría relatar hechos verdaderamente increíbles realizados por las gentes de la División Azul. No cabrían en un libro, ni en un anecdotario interesado. Desbordan todo límite, toda relación de prudencia que pudiera establecerse entre los que iban a combatir y a morir por España”.

“Hoy me dicen que alguien cuyo nombre no quiero ni siquiera nombrar aquí, ha ofendido a todos los que marcharon a la División Azul, incluidos los más de 5.000 muertos cuyos cuerpos quedaron para siempre en las heladas estepas rusas. Y una vez más, como haré mientras me quede algo de vida, no me resigno a permanecer callado. Desde mis casi noventa años alzo mi voz, levanto mis nervios, tenso mis ya frágiles músculos para denunciar esta infame provocación realizada por el jefe de esos que dicen llamarse Podemos”.

“Nosotros sí que podemos defender una bandera, podemos cumplir con nuestro honor, podemos envidiar la hermosa muerte de tantos jóvenes españoles y sublevar nuestro ánimo maltrecho contra los que cobardemente son capaces de herir, no ya a los muertos enterrados sino a aquellos que todavía tienen en su corazón un último latido en sus pechos combatientes. Admiro y lo proclamo con toda la fuerza de mi corazón a aquella fuerza militar que tanta gloria nos supuso. Aquel puñado de jóvenes que se adelantaron a su tiempo grabando en las picas de la posición intermedia el valor y la dignidad de toda una nación; que no tuvieron otro horizonte que el de honrar y enriquecer con sus pechos y con sus manos la eterna canción que nos consuela frente a tanta bellaquería e indignidad como la que estamos ahora presenciando”.

Y si ya está dicho, escrito y firmado, ¿qué mejor manera hay de recordar este aniversario heroico en la víspera de otro abismo electoral para España? Mucho más reconfortante y acertado que ver el nivel al que nos han colocado personajes más correctos, desde Fernández Díaz a Iglesias y de Otegui a Gallardón.

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