Los siete pecados capitales del Valencia CF y Marcelino

Son varios los factores que explican el porqué del decepcionante inicio de temporada por parte valencianista. Para nosotros, concretamente hasta siete.

Marcelino y sus cada vez más rácanos planteamientos:

Si bien es cierto que el año pasado la fórmula de replegarse y salir con velocidad a la contra funcionó, en líneas generales, bastante bien; no lo es menos que en éste lo que se desprende del sistema empleado por el Valencia CF es, hasta el momento, falta de jerarquía y ambición. Así lo han podido corroborar Betis y Juventus durante las primeras mitades de los dos últimos choques en Mestalla, contando ambos con una posesión mayor del 60% hasta el intermedio y sintiéndose, por ende, claros dominadores.

Falta de intensidad en las primeras partes:

Ese es, precisamente, el denominador común de los cinco encuentros oficiales disputados por los de Marcelino hasta la fecha. Aunque generalmente – salvo en Cornellá - en los segundos tiempos se haya mejorado, la losa anterior únicamente permitía igualar, algo que se logró frente a Atlético de Madrid y Levante.

Bajas y falta de recambios:

El disputar sólo un partido por semana resultó capital a la hora de que la pasada se pudiera calificar como una buena campaña en cuanto a lesiones y problemas físicos. Sin embargo la presente, que ya ha comenzado algo torcida, resultará de mayor exigencia para los jugadores. Los trascendentales problemas de Kondogbia, agravados por la lesión de larga duración del que sería su sustituto natural Francis Coquelin y el mal momento de Parejo; unidos a la ausencia - más prolongada de lo esperado - de Garay; o a la inactividad de Guedes por falta de ritmo, han dejado al equipo sin algunos de sus máximos referentes. Y el hecho de que el técnico asturiano no haya sabido encontrar soluciones resulta tan manifiesto como descorazonador.

¿Se atreverá Marcelino a sentar al capitán?:

Ni la sombra de lo que durante este mismo periodo hace un año era. Desgraciadamente, en esos términos cabe valorar el primer tramo de la temporada de Dani Parejo. Las imprecisiones constantes están marcando su juego y el del Valencia hasta el momento, provocando así que los delanteros reciban escasos balones en condiciones.

Demarcaciones deficientemente cubiertas:

Todavía a día de hoy cuesta deducir el tipo de prioridades que el club de Mestalla siguió a la hora de confeccionar su lateral derecho. Con Martín Montoya vendido de forma discutible al Brighton, el irregular rendimiento ofrecido por Cristiano Piccini durante las primeras jornadas provocó que fuera Ruben Vezo quien ocupara ese flanco defensivo en el, hasta el momento, encuentro más duro de la campaña ante la Juventus. El resultado ya es por todos sabido: Alex Sandro y Bernardeschi creyeron estar jugando en el patio de su casa habida cuenta de la autopista que encontraron permanentemente por ese carril.

Jugadores fuera de forma y/o dinámica:

Utilizar al propio Vezo o a Murillo en un choque como el del miércoles constituía, como así quedó demostrado, una temeridad. Especialmente relevante da la sensación de ser el asunto relativo al central cafetero, fuera de todo atisbo de confianza por parte del técnico hasta esta semana. Tampoco Batshuayi o Guedes parecían en absoluto conectados con el resto del equipo al no haber disfrutado de la titularidad hasta un enfrentamiento, a priori, poco propicio para realizar probaturas.

Excesivos cambios de posición:

Daniel Wass ya ha participado en tres demarcaciones tan diferenciadas como la del volante izquierdo, mediocentro y lateral derecho; Carlos Soler lleva disputados muchos más minutos ejerciendo como interior derecho pese a que – en el debut de Champions quedó demostrado – su verdadera demarcación es la de medio de creación; Rodrigo terminó este miércoles, por tercera vez en lo que va de curso, escorado a la banda derecha y, por tanto, lejos de la zona de definición. Son algunos ejemplos que indican que Marcelino, también a tenor de los resultados, no está aprovechando la polivalencia de algunos de sus jugadores, sino abusando de los bandazos o palos de ciego.

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