16 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El descrédito de Carmena

La intervención de Hacienda y la decisión de TSJM confirman un problema enorme en el primer Ayuntamiento de España, presa del sectarismo, la incompetencia económica y el asalto a la ley.

 

 

Las decisiones consecutivas del Ministerio de Hacienda y del Tribunal Superior de Justicia de Madrid sobre la gestión económica del Ayuntamiento de la capital no son, como dicen los forofos de Podemos e IU, una intromisión ilegítima -la comparan con el 155-, sino un rescate legal y necesario de las instituciones de un Consistorio enredado en las locuras económicas de un mal Gobierno.

El auto del TSJM es un demoledor recorrido por las arbitrarias decisiones, contrarias a la ley pero también al sentido común, de un concejal llamado Carlos Sánchez Mato, imputado a más señas, que se arroga derechos que no tiene para adoptar medidas que son negativas: gastar por encima del techo señalado por la normativa es ilegal; pero además refleja una incompetencia palmaria.

Porque la ley obliga a no sobrepasar ciertos límites, pero no impone la fórmula para lograr ese objetivo: si el Ayuntamiento de Madrid decide hacerlo recortando servicios a los ciudadanos en lugar de gastos superfluos, es decisión suya.

 

Madrid ha experimentado un retroceso, con peores cifras de paro de la media regional, y es presa del sectarismo

 

Pero más allá del cinismo de quienes prefieren recortar al usuario que contener a la Administración, lo que prevalece es la sensación de que Carmena dirige un Ayuntamiento sometido a los caprichos e insensateces de un equipo de Gobierno en el que cada facción ideológica se siente propietaria de sus áreas de gestión, como si el reparto interno de cuotas que suele acompañar a este tipo de listas políticas de revoltillo les diera derecho a trasladar esas componendas a la propia dirección municipal, estableciendo reinos de Taifas autónomos a costa de los intereses públicos.

Sea o no Carmena culpable de las barbaridades que dice y hace Sánchez Mato, investigado junto a otra concejala por delitos tan serios como la prevaricación, es responsable de todo ello. Su resistencia a destituirle sólo puede entender de dos maneras: o carece de fuerza para imponer en su Gobierno la imagen entrañable y moderada que intenta dar de sí misma o, bajo esa apariencia, comparte y suscribe los desvaríos.

En todo caso, el resultado es el mismo. Madrid ha experimentado un retroceso, como evidencian sus peores cifras de paro en comparación con la media regional, y es presa de un constante sectarismo que roza lo ilegal o lo sobrepasa directamente.

Cuando Carmena dijo que iba a cambiar Madrid, no mentía: el problema es que ha sido para mal y cada vez le cuesta más esconder esa certeza.

 

 

ESD
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