20 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Alberto Garzón, el ministro que se ríe de Jesucristo con 16.000 muertos encima

Alberto Garzón, que no se ríe de sí mismo

Alberto Garzón, que no se ríe de sí mismo

El responsable de Consumo y líder de IU se entretiene haciendo cosas así en público, mientras a su Gobierno se le acumulan las cifras más horribles del mundo con la pandemia,

 

 

 

¿Puede ocurrírsele a alguien, con millones de personas confinadas, 16.000 víctimas mortales y en plena Semana Santa de confinamiento hacer bromas con los sentimientos religiosos y la figura de Cristo? En un principio, la respuesta lógica sería no. Y ya si la pregunta fuera referida a un importante cargo público, todavía la negación sería más tajante: es imposible, pensaría cualquiera.

Y estaría equivocado. Porque eso, aunque parezca increíble, es lo que ha hecho el ministro de Consumo de España, líder de IU y diputado de Unidas Podemos, Alberto Garzón. No ha tenido mejor idea, con el drama sanitario, social y económico en su apogeo, que hacer esta bromita de mal gusto en su perfil en Twitter, con encuesta incluida:

 

 

Con decenas de miles de comerciantes cerrados y al borde de la ruina o inmersos en ella, por no hablar obviamente de los afectados por el COVID-19; al ministro en cuestión lo que le pide el cuerpo es reírse de los creyentes, de los cofrades y, en general, de esos millones de personas que creen, respetan o disfrutan de la Semana Santa a su manera.

¿Haría Garzón una broma sobre el Ramadán? Y suponiendo que sí, lo cual es una entelequia, ¿la haría aún más con 16.000 muertos y 150.000 afectados de esa confesión y quizá millones más agobiados por no llegar ya a final de mes?

¿Bromearía Garzón sobre el Ramadán con 16.000 musulmanes muertos, 160.000 enfermos y millones sin trabajo?

Visitante frecuente del "desfibrilador de tontos" que el periodista Santi González usa a pleno rendimiento en el programa de Carlos Herrera, lo menos que puede deseársele a Garzón es que le envíen uno de esos artilugios a casa para que se lo aplique a cualquier hora del día que lo necesite: es decir, a todas, incluso dormido.

 

Quizá si el ministro de Consumo, una de esas competencias desgajadas del Ministerio de Sanidad para dar cabida a todos los socios de Sánchez aun a costa de la eficacia del servicio, tuviera menos claro que este lunes él si va a cobrar su onerosa retribución pública sin jugársela cogiendo un tren para ir de nuevo a currar, no se permitiría estos excesos de niño pijo disfrazado de líder obrero.

Porque los obreros de verdad, o están en el paro o irán ya mismo a trabajar sin mascarilla, sin test y sin saber qué riesgos exactamente asumen. No tienen tiempo, en fin, ni de ver películas ni de bromear sobre nada: están ocupados en sobrevivir, Albertito.

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