23 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La enorme lista de desprecios del Gobierno al Rey que ahora ha estallado

El Rey Felipe y Pedro Sánchez, este verano

El Rey Felipe y Pedro Sánchez, este verano

El pulso del Gobierno con La Zarzuela ha estallado con estruendo, pero la tensión viene de lejos. Y no solo la han generado Iglesias y Garzón. El propio Sánchez está detrás.

El ataque de Podemos al Rey no es casual. Le estaban esperando. Cuentan en el entorno de Moncloa  a ESdiario que solo al principio se creyó en una legislatura tranquila en este punto. Pablo Iglesias, consciente de las dudas que levantaba Podemos como partido de Gobierno, aceptó “olvidarse” del debate republicano y Pedro Sánchez le creyó.

Y ese mensaje llegó a Zarzuela, lo que explica las buenas palabras de Iglesias hacia el Monarca, impensables poco tiempo antes, e incluso la cierta “química” mostrada entre Irene Montero y Letizia Ortiz en un primer contacto personal.

Pero todo cambió cuando Podemos se enfrentó a la realidad de la gestión, infernal ya con la pandemia; a las adversidades de las encuestas, que premiaban al PSOE y diluían a los morados y, especialmente, al gran descubrimiento: su pinza con el independentistmo hacía de Sánchez un presidente intervenido.

Algo que siempre fue así pero que, con los oropeles de la Presidencia, parecía haberse diluido desde que Sánchez nombrara a su primer Gabinete, aquel de los fulgores de Maxim Huerta, Pedro Duque o Grande Marlaska hoy desaparecido u oscurecido.

 

La pandemia aceleró la vuelta a los orígenes, al discurso contra el “Régimen del 78”. Y los problemas de don Juan Carlos hicieron el resto: en la Corona, Podemos encontró la fórmula mágica para, a la vez, distinguirse del PSOE, hermanarse más con ERC y Bildu y mantener una cierta pose antisistema ante sus bases, conscientes del “aburguesamiento” de la cúpula, con Galapagar como símbolo de ello.

Los intentos de investigar al Rey Emérito en el Parlamento, frenados por el PSOE tras arrancarle Sánchez a don Felipe el compromiso del “destierro” de su padre y antes la renuncia a su herencia; dieron el pistolezado de salida tras una mago en pleno confinamiento, con Podemos instigando una cacerolada contra el Jefe del Estado.

Pero no ha sido solo el partido de Iglesias. El propio Sánchez ha echado gasolina al fuego, ora mostrando su inquina a don Juan Carlos; ora escondiendo o enviando al extranjero a don Felipe mientras, en sus despachos, se comprometía a mantener la lealtad eterna.

Y la Casa Real respondió con respeto, tragándose sapos como el viaje a Cuba y limitando su agenda al máximo. O echando un cable al presidente en su estreno en la Fiesta del 12-O, cuando él y su esposa, Begoña Gómez, protagonizaron la escena bochornosa del día al quedarse en el "besamanos" a las autoridades, privativo de los Reyes. Entonces, Felipe VI hizo emitir un comunicado disculpando a Sänchez y cargando él con el "error de protocolo".

Desde entonces, la tensión ha ido en aumento hasta que Pablo Iglesias la rompió esta semana, defendiendo en TVE un próximo "horizonte republicano" y rematándolo Garzón con una grave acusación al Rey: la de conspirar contra el Gobierno por telefonear al presidente del CGPJ para lamentar su ausencia de su acto en Barcelona, vetada por Moncloa.

 

 

No se entiende esa agresividad del vicepresidente segundo y del ministro de Consumo sin la tutela y el permiso del propio Sánchez. En libertadigital aseguran que dio el visto bueno a los ataques, enojado con Felipe VI por dejar que se esparza la idea de que fue vetado en Barcelona y por telefonear a Carlos Lesmes para asentar esa especie, que consideran incierta: el Rey no fue porque, al transmitirle las duda sobre su seguridad, la Casa Real tomó esa decisión.

Algo que la Corona ni desmiente ni confirma, pero que parece muy alejado de la realidad: don Felipe jamás comunicó al CGPJ su ausencia, la confirmó por escrito, hizo aparecer su nombre como máxima autoridad en el acto t transmitió a los jueces que finalmente no iba por decisión de Moncloa.

En el camino quedan plantones de Sánchez al Monarca en 2019, llegando tarde a despachos en Mallorca o escondiéndole en la Cumbre del Clima de Madrid. O dejando sin respuesta los tremendos ataques de Bildu y ERC a su figura en las dos investiduras que sacó adelante gracias a ellos.

Y una duda en el aire. ¿Es cl comienzo de una ruptura? ¿Las heridas no harán llegar la sangre el río? ¿O la agenda contra el 78 está ahora encima de la mesa y Sánchez tragará con ella para mantener sus acuerdos con ERC, Bildu, el PNV y Podemos?

¿Se moverá el Rey?

Demasiadas dudas en un momento que necesita certezas, con una más en el aire. ¿Seguirá callado el Rey o, tras comprobar que van a por él pese a gozar de mayor reconocimiento que ninguno de ellos, empezará a hacer gestos de desaprobación de consecuencias imprevisibles?

Solo la sombra de don Juan Carlos, que quiere venir pronto a España, le quita energías a don Felipe. Teme nuevas revelaciones, decisiones judiciales adversas e, incluso, una Comisión de Investigación contra la Casa Real que el PSOE, llegado el caso, puede activar. Pero hasta eso, al lado de su capacidad de llegar a la gente, parece poco si llegado el día decide hablar en voz alta.

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