18 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El vergonzoso electoralismo de Sánchez con los jubilados y las peonadas

Una España subsidiada es una España empobrecida, pero también un país más dependiente del poder político, que convierte en dádivas sus decisiones. Ése parece el plan de Sánchez.

 

 

La gestión del sistema de pensiones ha sido, tradicionalmente, un asunto de Estado objeto del Pacto de Toledo, que reparte la responsabilidad entre todos los partidos de encontrar las fórmulas y los consensos para sostener un pilar básico del bienestar colectivo.

Pero también en esto, como en tantas cosas, el candidato socialista Pedro Sánchez se ha saltado todas las líneas rojas, anunciando la revalorización de las pensiones con arreglo al IPC, de manera unilateral, por decreto ley y saltándose el consenso que, en ese sentido, habían alcanzado ya hace un años todos los grandes partidos del arco parlamentario.

Más allá de que el IPC puede ser incluso negativo o de que, en el caso de no serlo, apenas redundará en cincuenta céntimos de euro extra para los jubilados; lo sangrante es el procedimiento que utiliza Sánchez para, estirando los recursos públicos y patrimonializándolos, convertir asuntos tan relevantes en una mera herramienta electoral.

Una reforma pendiente

Un líder serio no incurriría en esa irresponsabilidad, ni tampoco prescindiría de la evidencia de que el sistema necesita una reforma para no quebrar a medio plazo por la incipiente dependencia de los cotizantes de un número cada vez mayor de pensionistas, fruto del envejecimiento poblacional y el feliz alargamiento de la esperanza de vida.

Sánchez juega a tener una sociedad subsidiada en una España más pobre y dependiente del poder político

No es con nuevos impuestos ni con más deuda como se saneará y mantendrá el sistema público de pensiones, y esparcir la idea de que su salud y mejora depende de los principios y la buena voluntad de un dirigente concreto es, sin más, una tomadura de pelo a la ciudadanía.

España se empobrece así

Pero todo eso le da igual a Sánchez, que solo piensa en sus intereses a corto plazo y cómo alcanzarlos a toda costa: en el pasado fue alentando una especie de revuelta de pensionistas, pese a que sus retribuciones medias son las mismas que en Europa; y en el presente es intentándoles seducir con un regalo inane.

Si lo que el PSOE pretende es prolongar el sistema que le hizo mantener el poder casi 40 años en Andalucía, hay que concluir que sin duda está en ello: a la manipulación de nuestros mayores, que lo merecen todo, se le suma la soez intentona de ampliar el ínclito PER en Andalucía o Extremadura. Todo con el mismo fin tal vez: mantener con subsidios una sociedad de meros supervivientes, rehenes de las dádivas del poder político establecido. Nada más empobrecedor para España pero, a la vez, más útil para este PSOE.

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