11 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los vídeos que difundieron los mismos que ahora intentar tapar el de Montero

Un fragmento del vídeo de CIfuentes

Un fragmento del vídeo de CIfuentes

De Cifuentes a Camps, pasando por Felipe González: vídeos y conversaciones mucho más privadas que la de Irene Montero se han emitido siempre. Por los mismos que ahora lo critican.

 

 

La difusión del vídeo de Irene Montero en ABC sigue generando un debate nacional. Podría pensarse que la discusión versa sobre las increíbles declaraciones de la ministra de Igualdad, en las que reconoce que el Gobierno era consciente de la gravedad del coronavirus y, pese a ello, decidió mantener el 8M y permitir cientos de eventos de masas más: allí se contagió todo el mundo y por eso España es récord mundial de mortalidad.

Pero no, el debate no es ése. Ni tampoco lo es la dimisión de la ministra. No, toda la polémica se está centrando en cargar contra ABC por difundir el contenido. El programa Todo es Mentira, presentado por Risto Mejide en Cuatro, albergó un debate entre el periodista Javier Chicote, del diario conservador, y Gonzalo Cortizo, al frente de las críticas de eldiario.es al vídeo en cuestión.

 

 

 

En realidad , no hay dilema deontológico ni ético nunca  en la difusión de un contenido cierto y de relevancia pública obtenido de manera legítima. Es un simple micrófono abierto, que tantos momentos de gloria ha dado al periodismo, y en el que se puede y debe incluir lo de Montero.

Pero curiosamente plantean así la cuestión los mismos que difunden vídeos ilegales de Cifuentes, conversaciones privadas de Camps con el Bigotes o, incluso, recibieron premios por emitir una charla íntima de Txiqui Benegas en la que llamaba “enano de Tafalla” a Solchaga y “Dios” a Felipe González.

 

 

El ABC, como ESdiario con las cifras de fallecidos o las causas reales del contagio masivo en España, han ayudado a conocer por qué el coronavirus ha hecho aquí más daño que en ningún lugar del mundo. Eso es periodismo. Eso es respeto a los ciudadanos. Eso es buscar la verdad.

 

 

Y que Sánchez intente taparla es una cosa. Pero que le ayuden los mismos que luego imarten lecciones de ética y de periodismo a todo el mundo, sin que nadie se las pida ni las espere, es muy triste. Con lo sencillo que es decir o suscribir mensajes tan razonables como el de Antonio Martín Beaumont:

 

 

Lo cierto es que ya sabemos que el Gobierno expuso a los españoles a un riesgo innecesario por mantener su agenda ideológica. Lo cierto es que, por eso, hemos pagado un precio incalculable. Y lo cierto es que los mismos que convirtieron un donativo de 1.000 euros de Rita Barberá en un escándalo nacional, que no cesó hasta su muerte, le ayudan ahora a Sánchez a fabricarse coartadas infumables.

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