09 de abril de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Gistau hunde a Sánchez con un detalle de Torra que pasó desapercibido en la cita

Por si alguien tenía alguna duda de lo que pasó en la reunión entre el presidente del Gobierno y el de la Generalitat, ahí está el periodista para sacar punta a un gesto que tiene retranca.

La reunión de Pedro Sánchez con Quim Torra de este lunes inunda este martes todos los titulares, análisis y columnas de opinión pero David Gistau se centra en su artículo de El Mundo en un pequeño detalle que, a su juicio, tiene mucha relevancia.

Y es que, en su opinión, "si Torra pretendía calibrar hasta dónde está dispuesto a llegar este Gobierno precario con tal de ganar tiempo, estuvo cruel en la elección del licor".

Con no poca ironía, Gistau asegura que "poner una botella de ratafía sobre la mesa es una primera demanda demasiado dura incluso tratándose de un presidente dispuesto a burlar diques constitucionales, a fabricar una correspondencia institucional con golpistas y traficantes de odio, a traicionar sus propias palabras expresadas durante el 155 e incluso a imponer la inmersión lingüística en catalán en Zamora. Todo con tal de que se sientan queridos. ¡Hasta poner un apologista del Proceso como seleccionador!".

Y a pesar de todo, clama con sarcasmo: "Pero la ratafía, ¿de verdad era necesaria? Y, lo que es más importante, porque no lo aclaró después la vicepresidenta, para encauzar esto, ¿debemos beberla todos los españoles obligatoriamente? Casi prefiero otra Guerra Civil". 

En un breve repaso histórico recuerda Gistau que "la ratafía adquirió un prestigio druídico entre los indepes. Es nacionalismo embotellado, es esencia patriótica destilada, y de hecho andan los prófugos buscando nogales sagrados con los que agregar a la marmita tribal tributos de su melancolía".

Muy duro recalca que "esta es la mentalidad inamovible, rural, de alrededor de la hoguera, a la que Sánchez dispensó un trato propio de homólogos europeos en el siglo XXI. Encastillado Torra en una sola idea, como corresponde a cualquiera embriagado de nacionalismo -a cualquiera cuya inteligencia cayó de pequeña en la marmita-, todo cuanto haga Moncloa será una mera distracción, dotada de coartada social para el reparto de premios y concesiones, que finge no darse cuenta de lo único cierto: al despertar, el golpista sigue ahí, con su referéndum, con su nogal. Y seguirá durante tanto tiempo que algún día ni siquiera será posible echar de nuevo la culpa al pérfido neofranquismo".

Para concluir, añade Gistau que "la ratafía también es un licor que tiene un gusano en el fondo de la botella. Sólo que Torra lo llevaba prendido de la solapa". 

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