Otro mundo es posible

Patricio es un toro que durante demasiado tiempo vivió recluido en un espacio minúsculo y sin compañía, en el circo. Sin embargo, un día el azar se puso de su lado

Hace unos días conocí a Patricio.
Patricio es un grandullón de pelo oscuro, mirada noble y cariñoso como pocos. Es muy extrovertido, le gusta estar acompañado y cualquier excusa es buena para buscar mimos.
Patricio me tiene encandilada.
Patricio es un toro.
Un toro que durante demasiado tiempo vivió recluido en un espacio minúsculo y sin compañía, en el circo en que le obligaban a actuar.
Sin embargo, un día el azar se puso de su lado y dejó de ser tratado como un objeto, para ser reconocido como un ser único y con intereses propios.
Un día pasó de ser algo, a ser alguien.
Ese día le sonrió la fortuna, esa que lo hace sólo a unos pocos privilegiados. Porque para los animales, especialmente aquellos que no son considerados “de compañía”, las historias muy pocas veces son de color de rosa y menos todavía, tienen final feliz.
Patricio tuvo la suerte de ser donado a un santuario, donde vive contento junto a sus compañeros Ferdinand, Sansón y Moisés, con los que juega, comparte heno y largas sesiones de lametones.
Tal vez esto te suene a cuento infantil, pero así es la vida en el Santuario Compasión Animal, uno de los primeros santuarios de animales que se fundó en nuestro país y en el que conviven unos 300 habitantes de distintas especies: patos, gallinas, cerdos, cabras, ovejas, caballos, una vaca,…todos y cada uno con su nombre, su carácter, sus manías y su historia.
Es posible que no sepas de qué estoy hablando. Un santuario es una especie de burbuja, el único espacio donde estos animales, a quienes las personas utilizamos para obtener de ellos provecho, se desprenden de una vida de explotación, se libran de ser ejecutados y pueden vivir en paz, sin amenazas y sin sufrimiento.
En Santuario Compasión Animal viven también dos humanos, Laura y Alberto, que para mí son unos auténticos héroes.
Héroes porque en una demostración de compasión y altruismo sin límites, han puesto su vida al servicio de los otros animales y se ocupan y preocupan porque quienes allí viven tengan la vida digna que nunca debimos arrebatarles.
Héroes porque cada día salvan vidas. Las vidas de unos individuos únicos e irrepetibles, como Patricio. Y nos muestran estas vidas. Y nos enseñan que los animales no somos tan distintos, aunque no seamos de la misma especie.
Héroes porque nos demuestran que, con su empeño y el de las personas que de forma desinteresada apoyan este maravilloso proyecto, otro mundo es posible.


*Coordinadora provincial de PACMA en Valencia

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