La conquista del Reino de Valencia: la toma de Balansiya (1238)

Para que todos supieran que la ciudad era suya, Jaime I hizo izar su enseña en la torre de Ali Bufat (en la actual plaza del Temple) y al verla, se emocionó

 

El primer ataque contra Balansiya se realizó en Ruzafa, por aquel entonces una alquería extramuros. Intervino una parte de las fuerzas de Jaime I que se lanzaron precipitadamente hacia este objetivo sin que el rey tuviera conocimiento de ello. En su osadía tomaron el lugar, pero su escaso número les convertía en presa fácil frente a una eventual respuesta enemiga.

Jaime I tuvo que acudir allí al galope con las demás fuerzas y llegó justo en el momento en que los moros se estaban desplegando para eliminar esta avanzada cristiana. Ambas huestes se estudiaron desde la distancia, pero Zayyán eludió el encuentro directo. A la postre, esa fue la única oportunidad que tuvo de levantar el asedio.

En Ruzafa estableció el rey su campamento, "a dos trets de ballesta de la vila". Después se levantaron otros más alrededor de la ciudad para aislarla del exterior. Al igual que había ocurrido el primer día, en los meses siguientes los moros eludieron el combate y permanecieron detrás de la seguridad de sus murallas.

Las únicas salidas que se produjeron fueron por parte de combatientes aislados para formar parte de algún duelo caballeresco. De hecho, en uno de estos duelos el rey fue herido en la cabeza por un virote de ballesta. El casco le salvó la vida, pero la herida sangraba abundantemente. El rey, para tranquilizar a sus hombres, regresó al campamento riéndose.

El tiempo corría a favor de Jaime I y lo sabía. Su pequeña hueste no dejaba de aumentar con la llegada de nuevos hombres, cada vez más interesados en participar en una empresa prometedora. En su crónica real llegó a cifrar exageradamente las fuerzas reunidas bajo su mando en 1.000 caballeros y 60.000 infantes. La toma de Silla afianzó todavía más la posición cristiana sobre el terreno. 

A pesar de disponer de máquinas de guerra, tan solo pudieron arañarse las defensas musulmanas. Costó mucho esfuerzo y más de un intento tomar la torre de la Boatella, separada de la muralla, al sur de la ciudad. Igualmente no fue fácil aproximarse más a las murallas y bajo la protección de manteletes, se llegaron a abrir con pico tres agujeros en la barbacana. Si bien demasiado estrechos como para intentar el asalto, supuso un duro golpe para la moral de los defensores.

Por su parte, los víveres de los sitiados no tardaron en escasear. Las posibilidades de victoria de Zayyán pasaban por la ayuda externa y, al contrario de lo ocurrido en Mallorca, en esta ocasión el sultán tunecino Abu Zakariyya sí respondió a las peticiones de auxilio.

A mediados de agosto fue enviada una flota  con refuerzos. Avistada en el puerto de la ciudad, el despliegue cristiano evitó su desembarco. Lo intentarían de nuevo en Peñíscola, pero también allí fueron rechazados. Finalmente, tuvieron que retirarse a sus bases tras dejar un cargamento de armas en Dàniyya (Dénia).

El fracaso de la flota de socorro disipó las últimas esperanzas de Zayyán por resistir. Era el momento de obtener el mejor acuerdo posible y no es de extrañar que quisiera negociar directamente con Jaime I, a quien le precedía su fama diplomática y respeto a la palabra dada.

 

Las conversaciones comenzaron el 14 de septiembre y por expreso deseo del rey solo participará junto a él la reina, con el fin de que los nobles y sus intereses no supusieran ningún obstáculo: "Més desitjaven que fora dels sarrains que no vinguera al nostre poder".

La capitulación de Balansiya se firmó el 28 de septiembre de 1238. En líneas generales, se otorgaba un plazo de 20 días para que los musulmanes que quisieran salir así lo hicieran con seguridad, con todo lo que pudieran cargar hasta Qulayra (Cullera). Los que se quedasen, si bien tendrían que negociar con quienes tuvieran las heredades, estarían bajo la protección del rey. A cambio de la entrega de todos los castillos hasta el río Júcar (excepto Qulayra), Zayyán obtenía una tregua de 7 años.

Atado todo, Jaime I comunicó el acuerdo a los nobles: "Valéncia era nostra". Al oír eso, algunos "perderen els colors, així com si algún els haguera ferit directament al cor". De nuevo la ansiada posibilidad de saqueo se esfumó y se sintieron engañados. Tampoco debe olvidarse que aconsejar al rey era su obligación y su derecho.

Para que todos supieran que la ciudad era suya, Jaime I hizo izar su enseña en la torre de Ali Bufat (en la actual plaza del Temple) y al verla, se emocionó y agradeció a Dios la merced que le había hecho. Hasta 50.000 moros abandonaron la ciudad según la crónica real y hubo que castigar a alguno de sus hombres que intentaron robarles por el camino.

 

Un punto discutido es cuándo se produjo la entrada del rey. La tradición, recogida en los fueros, es que esta se produjo el día 9 de octubre. Casi con total seguridad el rey entró antes de esa fecha, pero sería el día 9 cuando se produjo la entrada oficial y honorífica, la salida de Zayyán de la ciudad y la consagración de la catedral.

 

*Doctor en Historia-UV. Dottore di ricerca-UniCa

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