25 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los insultos del "Vicepresidente Chepas" que azuza con odio Pablo Echenique

Pablo Iglesias

Pablo Iglesias

No, no se le puede llamar así al líder de Podemos. Pero sus insultos y ataques a Vicente Vallés y a cualquier crítico no son inocentes ni casuales.

 

 

¿Podemos descalificar así al Vicepresidente segundo del Gobierno? No no, no es el camino a pesar de lo manifestado esta semana por Pablo Iglesias, Vicepresidente segundo del Gobierno de España, desde un lugar institucional de todos, como es el Palacio de la Moncloa tras el Consejo de Ministros.

El insulto nunca debe ser la manera de proceder en un sistema democrático sano, como el que habíamos construido entre todos en estas últimas décadas. Incluso alguien que como está demostrando el Vicepresidente, tanta alergia tiene a la pluralidad y a la discrepancia política, no se merece que se le insulte en el debate político.

Nuestro régimen, el sistema político nacido del encuentro entre diferentes en el 78 tras décadas de dictadura y exilio, se basa en una constitución ampliamente aprobada en toda España, también en Cataluña y Euskadi a pesar de lo que siempre han afirmado los nacionalistas (que basan su falsedad en que en ambas CCAA hubo una abstención mayor que en el resto de España).

Una Constitución duradera por su utilidad y adecuación a la idiosincrasia nacional, es decir, por resolver problemas que históricamente estaban sin resolver en nuestro país. Quienes elaboraron dicha Constitución son llamados la Generación de la Concordia.

Frente a la visión que introdujo Podemos cuando llegó a la política, de denostar lo que han llamado despectivamente el Régimen del 78, hoy más que nunca hay que reivindicar precisamente las cesiones y la generosidad que hicieron una generación de hombres y mujeres, enfrentados en una guerra fratricida 40 años antes, con el fin de legar una Constitución para todos y en la que todos nos sintiéramos cómodos. 

 

 

Por tanto, parece que seguir reivindicando la vigencia de la Constitución y de los valores que la hicieron posible, debe seguir siendo una tarea de todos los representantes políticos. Y más en estos momentos, en esta legislatura en que por la dejadez e incapacidad de un Sánchez solo preocupado por no acabar como el PASOK, y quedarse sin su posición y prebendas, Podemos pretende acelerar en un cambio de régimen, para dar paso a un régimen en el que la revancha sustituya a la concordia, el odio a la generosidad, y el insulto y la intimidación al contrario, al debate lógico entre diferentes.

Entre los tics autoritarios del Vicepresidente, inherentes a sus planes políticos y su ideología autoritaria, evidentemente la prensa libre es un obstáculo en su camino.

Por eso cuando las primeras críticas han llegado debido a su pésima gestión política (desaparición en la gestión de las Residencias durante la crisis del Covid, tras aquel megalómano anuncio del mando único), debido a sus iniciativas revanchistas contra el Rey, contra los empresarios, contra los propietarios y contra cualquiera que no les conviene a sus fines, o cuando se denuncian sus métodos poco democráticos, la respuesta del líder de Podemos ha sido arremeter contra la prensa discrepante por objetividad, y venerar el insulto y la amenaza como respuesta a las críticas.

Además, es que no se puede obviar que Iglesias está en una situación bastante delicada. Su torpe respuesta machista, su bravuconada de macho alfa que controla el móvil y la vida de las jóvenes de veintitantos, y el enmarañamiento de una historia que huele cada vez más a podrido, le ha provocado un nerviosismo que es incapaz de disimular.

Partidario de que la mejor defensa es un buen ataque, Iglesias ha puesto a funcionar todos sus recursos y portavoces, especialmente ese portavoz parlamentario sembrador de odios llamado Echenique, para acallar a los profesionales de los medios que están contándonos a los españoles informaciones veraces, la realidad objetiva. 

Parafraseando aquel eslogan electoral puesto en marcha por James Carville, asesor de Bill Clinton, durante las elecciones presidenciales americanas de 1992, a Iglesias hay que decirle que la libertad de prensa es la propia Democracia, estúpido… Pero no, no le llamaré estúpido pues rechazar el insulto al adversario en la vida política, es la intención de este artículo.

Y más, cuando hoy más que nunca hay que seguir reivindicando la Concordia del 78, y hacer más robusta nuestra democracia como mejor garantía para el futuro bienestar y la libertad de los españoles, especialmente de nuestros hijos y nietos.   

 

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