13 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

No es un plan de desescalada, es otra huida hacia adelante envuelta en marketing

El Gobierno no puede tapar ya la evidencia de que España sufre como nadie por sus errores y paga un precio insoportable por ello. El plan de fases obedece al cansancio ante ese agravio.

 

 

Con el despliegue de eufemismos retóricos y la extensión habituales, Pedro Sánchez ha presentado un confuso plan de "desescalada" que nace ya de entrada con una duda: si con más de 300 muertos diarios, la mayor mortalidad del mundo junto a Bélgica; el confinamiento más prolongado y radical de Europa; sin test fiables ni masivos y con un suministro de mascarillas insuficiente; de repente se va a poder salir a casi todo, ¿no es legítimo pensar que la decisión obedece más a razones políticas que sanitarias?

Aunque el Gobierno ha intentado crear una especie de burbuja nacional, combinando el encierro masivo de los ciudadanos con un mensaje televisivo casi unidireccional, lo cierto es que el coronavirus ha golpeado en España más que en la práctica totalidad del planeta, con datos oficiales que arramblan contra la versión oficial de "normalidad": aquí se han muerto 500 personas por cada millón de habitantes y en Portugal o Grecia, países con menos recursos, entre cinco y cuarenta veces menos.

 

Y lo cierto, también, es que esa desproporción provoca otro desajuste imposible de esconder: como los estragos han sido distintos en el resto de países, donde sí atendieron los mismos avisos que el Gobierno despreció; el coste en vidas, la cuarentena, los daños económicos y la recuperación de la normalidad también son distintos.

 

 

Nadie ha tenido esa mortandad, ni ese insoportable número de sanitarios contagiados, ni un cautiverio tan absoluto y duradero ni, tampoco, un hundimiento económico y laboral de esta magnitud. Y por eso no ha tenido que cerrar por completo y ahora puede abrir: el contraste de imágenes, por mucha realidad paralela que intente imponer La Moncloa, es tan abrumador como insoportable para la ciudadanía.

Por eso cabe preguntarse si la "liberación" obedece a criterios médicos o a necesidades estrictamente políticas para simular una normalidad que jamás ha existido en España al cotejarse con Europa.

Y si alguien carece de credibilidad es, sin duda, un Gobierno que primero negó las evidencias, después ayudó a agravar la epidemia, más tarde sometió intentó arreglar sus errores provocando un trauma colectivo y, por último, parece aflojar para que se note menos la huella de sus propios errores.

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